Un placer ser tu prisionera


Cornelia Waldorf decidió calzarse con sus zapatos más caros, su padre confiaba ciegamente en su ingreso en la universidad, pero ella tenía planes muy distintos, su amante la esperaba en las puertas de su casa, con unos billetes hacia París, solo ida. Un nuevo mundo se abría ante ella. Repasó la lista de pertenencias, su gran maleta de Chanel dejaba hueco suficiente para toda su colección de invierno.
Se colocó el sombrero y se miró en el espejo, una joven de veinte años de cabello negro y piel pálida la miraba fijamente, guiñó uno de sus ojos azules y se lanzó un beso con sus labios carnosos y rojizos.
Sabía que echaría de menos a su padre, pero con el tiempo le olvidaría, olvidaría tener que pensar en sus estudios y su futuro, su futuro estaba ahora con Natte, un guapo y rico neoyorquino que ya había comprado un ático en aquella preciosa y romántica ciudad.
Cogió su maleta y se dirigió a la puerta de su casa. Nate la esperaba con un ramo de flores y su perfecta sonrisa.
-Hola, preciosa.-Le dijo el chico.-¿preparada?-le señaló la limusina aparcada en frente de su piso.
-Buenos días. Lista y con ganas.

Entraron en ella, dentro Natte la besó, como siempre hacía, con un tímido y corto beso en sus labios.
-Chófer, arranca.-señaló su chico.
-Au revoir.-Susurró Cornelia mirando por la ventanilla su piso. Su padre era Charles Waldorf, el presidente de Nicotinne, la empresa tabaquera más importante del momento, gracias a sus grandes ingresos, Cornelia podía permitirse vivir sola, igualmente, veía poco a su padre. La mayoría del negocio se hacía en África, pero Charles adoraba Nueva York, consideraba que todo padre debía educar a sus hijos en aquel lugar, aun así, Cornelia era hija única, así que recibía mucha presión.

Pasaron junto a industrias Waldorf, seguramente, su padre estaría ahí dentro, en alguno de esos cientos de pisos, en alguno de esos cientos de despachos, sentado en alguna de esas miles de sillas.

Se alejaron de la ciudad, pasaron el aeropuerto y se dirigieron a Jersey, Cornelia miró a Natte, y este se dirigió hacia el chófer.
-¿Qué ocurre? Hemos pasado el aeropuerto.-Chófer nuevo, problemas nuevos.
-Lo se-Le dijo este solemnemente-Lo siento, señor. Soy nuevo...y me pagan más.-De pronto, se giró hacia ellos, con una pistola eléctrica y atacó a Natte, el disparo le impactó directo al cuello y este comenzó a convulsionar. Cornelia gritó, y el chófer frenó de pronto el coche, unos hombres abrieron las puertas y sacaron a Natte para echarlo en el asfalto, como si se tratase de basura. En unos instantes, la cogieron a ella y la dirigieron hacia una furgoneta blanca, ella pataleó y consiguió clavarle su tacón a uno de ellos, aun así, sin esfuerzos la ataron de pies y manos y la amordazaron.

Durante lo que le pareció una eternidad, pataleó y golpeó la puerta de la furgoneta, sin éxito, finalmente, pararon.
El más grande de ellos, calvo y con gafas de sol, a pesar de las nubes, la cogió y se la colocó encima de los hombros, boca abajo, como si de un saco se tratase, la llevaron a unos pisos de una zona desconocida para Cornelia, y abrieron una de las puertas, entrando en un ático oscuro y silencioso, salvo por los gritos ahogados de la chica, y las quejas del hombre que la llevaba, que en agradecimiento la tiró al suelo bruscamente, dándose por consecuencia un golpe seco en la cabeza contra lo que parecía una mesita de comedor.

Una sensación fría y húmeda despertó a Cornelia, se sobresaltó al recordarse donde estaba, la habían metido en una ducha y le estaban echando agua con el grifo, le dolía la cabeza, y le cosgtaba respirar.
-Buenos días, princesa.-Le dijo una voz masculina, su tono sarcástico era inconfundible. Intentó hablar, pero se encontraba tal y como la habían dejado, más mojada.-Vaya golpe nena. Habrás cabreado a Burnello a base de bien.-Cornelia pudo ver al hombre que le hablaba, un chico de unos 30 años, rubio y de tez pálida, habría tenido los ojos de un profundo azul cielo si no hubiese sido por una cicatriz que le atravesaba desde la ceja hasta la mejilla.-Bueno, voy a quitarte la mordaza si no hablas.-De pronto la chica tuvo una pizca de esperanza, aquel chico quizás pudiese sacarla de ahi. El muchacho le retiró la mordaza lentamente.
-Por favor....-Susurró ella. El cambió su rostro y la miró con odio, finalmente la abofeteó.
-Joder, princesa, no hables. ¿Acaso los de tu clase no saben estarse callados?-Cornelia ya lo odiaba. Estaba claro que no iba a salir de ahi, pensó con calma. Recordó el piso, pero lo recordó a oscuras, y no supo situarse. El chico, era el doble de desconsiderado con ella que el susodicho Burnello, ya que ni le permitió ponerse de pie, la arrastró por un pasillo, mientras ella intentaba ponerse en pie pero estaba mojada y atada.
La tiró en el suelo de lo que parecía el comedor, junto con la cocina, con una barra americana y unos taburetes. El comedor tenía una gran televisión de plasma, una mesita, con la que Cornelia se golpeó y unos sofás, en nada se parecía a una choza de las de secuestros de las películas, era todo un apartamento lujoso, y al recordar la ducha, cayó en la cuenta de que tenía por lo menos hidromasaje y jacuzzy, ¿porqué una persona con tanto dinero querría secuestrar a alguien como ella? ¿por más dinero?
Cornelia palpó el suelo para recostarse, buscó con la mirada una salida, la única posible parecía la puerta, el ventanal estaba oscuro, había estado inconsciente todo un día, y no podía adivinar si era una planta baja o un piso, y en ese caso, si sería capaz de bajar.
El chico le dio la espalda mientras preparaba algo encima del televisor. Cornelia se puso a cuatro patas y comenzó a deslizarse hacia la ventana, al principio lentamente, pero al poco, se dio cuenta del ruido que hacía, así que comenzó a desesperarse, el chico se giró cuando ella estaba a la altura de la ventana, pero el no se movió, ella la intentó abrir con todas sus fuerzas, y al ver que estaba cerrada con llave estiró con tanta fuerza que se le partieron todas las uñas postizas que llevaba, llenándole de sangre las manos y las mejillas de lágrimas.
El chico la tiró al suelo agarrándola del hombro, se colocó encima suyo y le puso sus manos en el cuello.
-Muy bien, princesa. Voy a explicarte como funciona esto.-Corelia apenas podía respirar, pero el miedo le impedía moverse. Notó como las lágrimas le resbalaban por las mejillas.-No eres una invitada, no tendré el aspecto de Brunello, pero no tendré ningún reparo en cortarte los dedos si me cabreas, harás lo que yo te diga, cuando te lo diga, no hablarás sin mi permiso y no volverás a intentar escapar. Es inútil. -Cornelia ya no veía al chico con ojos de joven, solo lo veía con aquella horrible cicatriz en el ojo, y el otro de color azul, la miraban con odio, con sus cejas rubias apretadas, y aquellos labios tensos y finos, Cornelia hasta pudo adivinar unos colmillos algo más largos de lo normal en su mandíbula, que tensaban la boca y se dejaban asomar en aquella cara pálida.

Se apartó de encima de ella y se dirigió hacia la televisión, donde había colocado una cámara de vídeo. La colocó a ella delante del sofá, mirando hacia la cámara y se apoyó un poco en el mueble del televisor.
-Bien princesa, si haces lo que yo te diga, hoy dormirás en una cama.-Encendió la cámara, sacó el visor y sonrió, con una sonrisa torcida, peligrosa, que enseñaban sus colmillos puntiagudos, y blancos.-este vídeo es para tu papi, saluda, princesa.-Cornelia no supo como reaccionar, pero el chico se acercó a ella, y sacó una pistola de sus pantalones negros de traje. Se sentó detrás de ella, en el sofá y la apuntó en la sien.-Bien, papi. Esto ya es personal, No la volverás a ver hasta que no nos devuelvas todo lo que nos debes.-de pronto el chico la cogió del pelo y la puso contra la pistola.-¿pensabas que no la encontraríamos? ¿Por haber encontrado a ese pijo de parís?-Cornelia no entendía lo que estaba diciéndole a la cámara, ¿hablaban de Natte? Era inútil su padre desconocía la existencia de Natte.-en una semana, si estas de acuerdo con el pago, queremos la mitad, entrégaselo a nuestro repartidor, y en dos semanas, a partir del pago, recibirás instrucciones de como volver a ver a tu hija. Si en una semana, nuestro repartidos vuelve con las manos vacías la encontrarás muerta en la cuneta, un accidente de coche.-Cornelia lloró desconsoladamente, esa gente iba a matarla.-Una semana, papi- El chico se escondió la pistola en el pantalón y la empujó contra el suelo, se levantó y apagó la cámara. La observó durante unos instantes, y de pronto sonrió.
-Wow princesa, has estado fantástica.-Se deslizó en el sofá, dejándose caer.-El llanto le ha dado un dramatismo...ni ensayado. Adoro el teatro ¿tú no?. Cornelia seguía boca abajo, en el suelo, sin dejar de llorar. Él se levantó y la agarró del brazo, la arrastró por el pasillo y la encerró en una habitación muy pequeña. En un momento Cornelia vio que se trataba del armario de las escobas.


Cornelia despertó rodeada por unas escobas y fregonas, el cuarto era diminuto, y tenía una pequeña ventana por la que pudo ver que había amanecido.
Al cabo de un tiempo, de lo que pareció una hora, el chico abrió la puerta, y la sacó con algo de brusquedad. La llevó al sofá y se dejó caer en un sillón.
Puso la televisión ignorándola y empezó a cambiar los canales. Se decidió por las noticias nacionales. Donde anunciaban la desaparición de Cornelia, a causa de lo que pensaban, unos drogadictos que asaltaron la limusina. De pronto apareció Natte, dando su testimonio ante las cámaras.
-hicieron parar al conductor, me sacaron y me pegaron, hice lo posible por ayudarla, pero se la llevaron, con lo que me pareció un ford antiguo de color azul.-Se llevó las manos a la cara con gesto abatido y abandonó los micrófonos.
Cornelia no se lo podía creer, ¿Qué estaba diciendo Natte? ¿acaso no habían recibido aquella estúpida cinta de vídeo? El chico se debió dar cuenta de su asombro, ya que se colocó con la espalda apoyada en el respaldo y las manos colgando de los posa-brazos de la butaca. Y la miró con su ojo bueno.
-Esto...-susurró Cornelia.-Esto no es....¿qué está pasando?
-¿qué te dije, princesa?-Contestó este, se levantó y se dirigió hacia la cocina americana, sacando una cerveza fría del congelador. Se la abrió y se llevó la botella a los labios.-Yo solo tengo una norma, ten siempre una cerveza en el congelador. Bueno, dije que no hablases sin permiso, te he dejado ver las noticias por cortesía, ¿prefieres volver a tu cuarto?-Cornelia se tragó su orgullo y negó con la cabeza.-Bien, te voy a dar un regalo, para que olvides la idea de que tienes a alguien esperándote y te des cuenta de la realidad, tenías un castillo y un príncipe. Pero resulta que es el ogro de la historia, tu padre lo contrató para vigilarte, sabía lo estúpida que eras y que te escaparías. No le gustas a ese idiota de tez perfecta.-volvió a tomar un trago de su botella mientras a Cornelia se le caía el mundo a sus pies.-me obligan a alimentarte, así que te sacaré un poco de pan y algo de fiambre, estoy ocupado así que mejor háztelo tu.
-Estúpido.-Soltó la chica, se le acababa de escapar y vio como el chico bordeaba la barra americana y se dirigía hacia ella. La cogió del pelo y se acercó a unos centímetros, rostro contra rostro.
-Mira, princesa.-susurró el chico.-te he puesto unas reglas claras, ya no estas en tu palacio, no puedo ni verte y tengo que hacer de tu niñera todo este tiempo.-cornelia vio de cerca la cicatriz, era muy profunda y fina, y le partía la ceja, era totalmente recta, como si alguien le hubiese pasado el filo de un cuchillo, también pudo ver su ojo, de un azul intenso, se intentó calmar, lo odiaba, jamás había conocido a una persona tan horrible, cornelia estaba acostumbrada a halagos constantes, y aquel hombre la hacía enfurecer. Entonces pensó, cuando consiguiese salir de aquel lugar, se encargaría ella misma de que los encarcelasen.-No quiero oírte más, así que volverás al cuarto hasta que me hagas caso.
La encerró en su cuarto por defecto y lo oyó alejarse. Cornelia estallo en rabia y comenzó a gritar, aporreando la puerta y sollozando. Los odiaba a todos, la culpa era de ellos, de su padre y de natte, ella quería vivir su historia de amor en parís, pero todos se habían puesto de acuerdo para arruinarle la vida. Natte nunca la había querido, y su padre la había controlado hasta puntos insospechados. Por lo que aparentaba, hasta había comprado a los medios de comunicación, su padre escondía algo, algo muy gordo para que ni siquiera la gente pudiese saber que quien la había secuestrado era aquella panda, que ni mucho menos eran drogadictos. Paró de aporrear la puerta y se paró a pensar, necesitaba averiguar todo lo posible sobre aquellos desgraciados, si su padre no quería que la ayudasen, se salvaría ella sola.


A la noche, el chico le abrió la puerta. -¿tienes hambre?-Le preguntó, ella no quería contestarle, no quería darle el placer de que oyese un sí, por favor, pero sus tripas rugían tanto que dudaba que auqel chico no lo oyese. Se tragó su orgullo y lo miró al ojo.
-Si...-le dijo con un susurro, lo observó detenidamente, estaba vestido con un pantalón negro de pinza, como la otra vez, una camisa blanca y una corbata medio abierta, igual que la camisa, se podía ver hasta el hueso de la clavícula, con su tensa piel blanca.
De ponto se agachó frente a ella, de cuclillas y la miró con aquel ojo, le puso las manos sobre los pies y la desató.-es algo incómodo tener que cargar contigo. Pero si corres te volveré a encerar. ¿entendido?-ella asintió.
Al intentar ponerse en pie, se dio cuenta de que se le había roto un tacón de sus preciosos zapatos. Se los quitó y salió al pasillo, era agradable pisar el parqué caliente. Aunque siguiera maniatada, era lo más libre que había estado en dos días.
-ya sabes donde está la cocina, no busques cuchillos, los he quitado, estaré en la ducha.-y sin decir más se dirigió hacia el lado opuesto a la cocina, pasillo a través y la dejó en aquel gran piso.
Ella esperó a verlo entrar en una habitación y sin darse cuenta, pasó tanto rato ahí que comenzó a escuchar la ducha en marcha.
Se dirigió a la cocina, estaba muy bien organizada, luminosa y con gran variedad de artilugios. se dirigió hacia el sofá, nunca había sabido cocinar, y el único alimento que se le presentaba era pan con mermelada, pero ella odiaba comer con las manos, lo encontraba vulgar y sin clase. El ruido de la ducha le llamó la atención.
Sin darse cuenta, se estaba dirigiendo hacia el baño, abrió un poco la puerta y lo vio de espaldas, dentro de la mampara, su espalda era fornida y musculosa, y llevaba un gran tatuaje con forma de muerte con una guadaña. Se pasó sus manos por el pelo rubio, y se quedó dentro, dejando que el agua le cayese por todo su cuerpo.
Al ver como paraba el agua cerró la puerta de pronto y volvió hacia el comedor, se apoyó en el sofá y miró por la ventana.
-¿Ya has comido?-Cornelia se sobresaltó y lo miró, cubierto por aquellos pantalones, y con el torso desnudo, se secaba los cabellos rubios con una toalla, que los dejaba revoltosos y despeinados. Pero aquel hombre tenía una horrible cicatriz que le cubría todo el torso, desde el pectoral izquierdo hasta la cadera derecha, ¿como podía llevar tantas cicatrices? Era como si le hubiesen torturado con un gran cuchillo. Al darse cuenta que llevaba un rato mirándola negó de pronto con la cabeza.-¿porqué?
Cornelia esperó prudentemente antes de contestar, no quería volver al cuarto de las escobas.-Yo...nunca he cocinado...
-Haberte metido un poco de mermelada en un pan.-Le contestó el.
-Yo...lo, lo siento, no me gusta la comida que se come en las manos.-esperó que por aquella osadía, el chico optase por enfadarse y meterla en el cuarto de nuevo, sin embargo, se rió. Se rió a carcajadas, era la risa más bonita que cornelia había escuchado jamás, nunca, nunca se habían reído de un comentario suyo, ella no lo habría permitido, pero con aquella risa. No podía enfadarse.
-Tienes suerte, princesa. Los italianos apreciamos mucho la buena comida. Y más en un país como este.-La miró sonriendo, con aquellos colmillos blancos. - bien, a ver que podemos preparar.
Para sorpresa de Cornelia, aquel muchacho, fuese italiano o americano, cocinaba de muerte, el olor de la pasta cocida llenó los pulmones de aquel aroma. De pronto, y sin saber como, ya no le parecía un monstruo, simplemente, un hombre.
Le puso delante un plato de pasta al pesto, encima de la barra americana, el se sentó en uno de los taburetes, frente al plato, con una cerveza. -Si quieres comer, tendrás que venir hasta aquí.-ella obedeció y se levantó para colocarse en frente del hombre.-supongo que me acerco al tópico de que los italianos solo cocinan pasta.-Sonrió. Seguía sin fiarse un pelo de ese chico, pero aquella sonrisa, y su ojo azul, tuvo que reconocer que a pesar de su cicatriz, era un chico muy atractivo.
-Eres...italiano.-se oyó decir sin darse cuenta, mientras saboreaba aquella deliciosa pasta.
-Italoamericano, para ti. Supongo que los de tu calaña nos consideran unos pobres muertos de hambre.-y en eso tenía razón, en nueva york, los italoamericanos pertenecían a mafias, y no se equivocaba, ya que por lo que podía imaginar, eran unos mafiosos secuestradores.-Supongo que será mejor que te de mi nombre. Me llamo Dan Cacciatore.-¿porqué le daba el apellido? Al denunciarlos a la policía podría encontrarlos sin mucho esfuerzo. No pudo evitar sonreír, de lo que Dan se percató, y también sonrió. Cornelia dejó de comer y lo miró.
-ay, princesa, creo que te he leído el pensamiento y no he podido reírme. Perdona. -Cornelia ya no sonreía.-¿crees que puedes denunciarme a la policía con mi apellido cierto? Pobre, pobre niña tonta.-Siguió riendo de forma malvada. Cornelia dejó el tenedor en el plato.-Querida niña, ¿porqué crees que he salido en el vídeo que mandé a tu padre? Tu padre sabe quienes somos, nena, no nos ha denunciado ni lo hará. Tu padre tiene un pacto con la mafia, por eso no nos escondemos, lo siento princesa, pero nadie puede salvarte, porque no hay nadie que no hayamos comprado. El dinero y el poder sirven para algo más que para comprar zapatos.-Cornelia quedó con el corazón parado, volvió a comprender, que Dan seguía siendo un monstruo, uno con nombre, pero aun así un horrible ser que aparentaba humanidad.
Dejó que la metiese en el cuartito sin oponer resistencia.

Dan se apalancó en el sillón, colocó sus piernas en el apoyabrazos y puso en marcha la televisión mientras se acababa su cerveza. Al poco, tocaron al timbre. Al abrir, dan saludó a Fabio Aligeri, había sido su mejor amigo desde niños, en la sociedad, Fabio se dedicaba a los asuntos más turbios, le encantaba ser el mensajero. En cambio a Dan no le habían dejado escoger. Este le saludó con un puñetazo, al cual Dan no respondió, a lo que luego le hizo una llave, para dejarlo en el suelo boca abajo.
-!Maldito Yankee! !suéltame Dante!- le dijo un Fabio moreno, de ojos castaños, alto y apuesto, vestido de traje al más puro estilo pulp fiction. Dan odiaba su nombre completo, pero Fabio lo sabía, así que obviamente era inútil repetírselo, además, a fabio le encantaba recordarle que no era italiano, y su madre era americana.

Dan se volvió a tirar en el sillón, y se encendió un cigarrillo, mientras que Fabio se colocó con un taburete y una cerveza en frente suya.
-¿Cómo lo llevas?-Le preguntó el chico con una sonrisa. Dan lo miró con algo de odio.-¿Ya sois amigos?
-Muy gracioso, ¿Cuando la lleváis al local? Ya han pasado 3 días.
-Respecto a eso...-No..no podía ser verdad...-Lo siento, pero Marco dice que no podemos llevarla al local, sinceramente, creo que quiere darte una lección.
-¿Cuando no quiere darme una lección, Fabio?-Marco era el jefe de la organización, era su padrastro, se había casado con su madre cuando el tenía veinte años, y diez años después aun lo odiaba.
-¿porqué no hablas con tu madre?-le dijo Fabio.
-Porque sabes que marco me pegaría un tiro si pudiese y haría luego limpiar la sangre a mi madre.-Dan no podía hacer nada, Marco era el jefe, y debía tragarse todo lo que le echase.-En resumidas cuentas, ¿tengo que tenerla en mi piso durante todo este tiempo?
-Exacto, y por tu bien, que ella no sufra daños.-la contestó su amigo. -Ya sabes...-No pudo evitar mirarle el ojo malo. Fabio nunca apoyó la decisión de Marco, la tortura entre los miembros siempre era un duro golpe. Pero Marco era así. Le gustaban los antiguos métodos.
-¿qué quieres decir con eso? ¿Qué le prepare baños y le sirva las comidas? Oh no, mejor aun, le cederé mi habitación y dormiré en el sofá, ¿eso le parece bien a Marco?
-Si, eso estaría bien-Bromeó Fabio.-Pero Dante, ¿donde la tienes metida?-dan no pudo evitar reírse al pensar que estaba junto con la fregona. Fabio se levantó y como si le leyera la mente supo que puerta abrir.
La encontró metida en un cuarto tan pequeño que no era capaz de alargarse, atada de manos, y con la misma ropa que el día que había llegado.
-Hola preciosa.-le dijo Fabio.-Creo que es hora de trasladarte.-Miró a Dan y sonrió.-Bien, mañana pasará Brunello para ver si necesitas algo. Igualmente, llámame.-Le dio un golpecito en el hombro y se fue al comedor. Dan lo siguió.-Mira Dante, será mejor que no te agobies, deberás tenerla por lo menos dos semanas más, yo que tú traería a Daniela, te desfogas un poco.-fabio era un buen amigo, siempre lo había entendido, seguía siendo fiel a Marco, pero comprendía porqué Dan lo odiaba, había estado presente cuando le pegaron la última paliza, por no haber llegado a tiempo a la entrega de un paquete. Fabio le pegó un puñetazo en el hombro y se fue.
Dan apoyó en el marco de la puerta que daba al cuartito. -Bien, parece ser que te llevaré a otro cuarto. Vamos levanta.-Cornelia no le miró, siguió con su mirada fija en blanco.-venga, nena no tengo todo el día. ¿Prefieres quedarte en este cuarto?-Pero eso ya le daba igual. Así que al ver que no se movía, Dan la cogió en volandas y se la llevó al cuarto que estaba frente al suyo. Tenía una cama de matrimonio y una ventana, no tenía baño, pero estaba al lado de este. La dejó encima de la cama, se sentó a su lado y le quitó las cuerdas que la tenían maniatada.
-Será mejor que te bañes.-le dijo Dan. La llevó al cuarto de baño, era uno que disponía de bañera y era bastante más ancho.-te dejaré sola, tienes media hora.
Cornelia disfrutó de su media hora hasta el ultimo minuto, no pudo cerrarse por dentro, Dan se lo había prohibido, pero no apareció, pudo desnudarse tranquilamente y bañarse, le gustaba que su criada le lavase el pelo, pero al carecer de ella no tuvo más remedio que hacerlo ella misma. Ahora para Cornelia, Dan volvía a ser un hombre, sabía que tenía aquel momento gracias a aquel misterioso muchacho moreno, bastante apuesto y de la misma altura que Dan, aunque para su favor, el chico misterioso tenía los dos ojos, castaños y profundos, y el pelo negro corto y rizado lo transformaba en el perfecto salvador.
-Termina ya,-Le dijo Dan interrumpiendo su fantasía. La chica, para evitar que se enfadase y fuese a entrar, salió de la bañera y se envolvió en una toalla. Dan esperó dos minutos y entró en el baño, se la encontró aun mojada y solo cubierta por una toalla. La acompañó hasta su nueva habitación.-No hay ropa de mujer, pero te he puesto una camisa de las mías en la cama, supongo que bastará.-Cornelia no pudo evitar sonreír, y sin darse cuenta, se le cayó la toalla, en un acto reflejo se agachó para cubrirse con las rodillas y las manos.
-Oh, no...que torpe- susurró ella sin atreverse a alzar la mirada. Oyó la risa de Dan y se enfureció tanto que levantó la cabeza para gritarle, pero se lo encontró de cuclillas a unos centímetros suya mirándola fijamente, notó sus brazos en torno suyo que la tapaban con la toalla.-Gra..gracias.-se le escapó.
-No me las des.- Se quedaron mirando fijamente y Cornelia, hasta pudo adivinar una pequeña sonrisa en los labios del chico. Ojala fuese su misterioso moreno. De pronto sonó el timbre. La chica miró por la ventana de la habitación, ya era de noche. El chico se levantó y la dejó sola en la habitación, pero no la encerró. Así que cornelia lo siguió y se asomó por su puerta, se moría de ganas por que fuese el chico. Pero cuando Dan abrió, se encontró con una mujer rubia, algo mayor que ella pero muy hermosa. Se abalanzó sobre Dan y lo besó profundamente, para cornelia, los besos apasionados solo se veían en las películas. Pero al poco la chica la vio y se despegó de Dan.
-¿quien es esa?-preguntó señalándola. Dan la miró y Cornelia se sobresaltó al darse cuenta de que estaba prácticamente fuera de su nueva habitación.
-Trabajo.-respondió Dan. Se aceró a Cornelia, que seguía ahí, con la toalla como única prenda y le agarró el hombro, empujándola hacia el cuarto.
La encerró, ella se quedó sentada en la cama, que comparada con el suelo, era lo más cómodo que había sentido nunca. Se puso al rato la camisa comprobando que nadie la observaba y se tumbó, las sábanas eran de seda fina y el colchón de látex, al poco su paz fue mermada por los sonidos de aquella mujerzuela. A saber que estaban haciendo en la habitación de al lado....bueno, si lo sabía.
Al poco pudo conciliar el sueño y acabó por dormirse.
Capítulo 3

Un portazo despertó a Cornelia, que había estado soñando con aquel misterioso moreno.
Al abrir los ojos se encontró con aquel hombre, al que había llamado Brunello, el cual la había traído hasta aquí con una sola mano y había tirado con tanta facilidad a Natte de la limusina.
Cornelia se recostó de un salto y se tapó con la sábana.
-vives muy bien para estar prisionera.-le dijo con una voz áspera. Ella miró haca la puerta.
-Dan...-susurró. El hombre se rió y se sentó en la cama.
-Se ha ido, Marco le ha dado un trabajito y de paso me ha pedido que cuide de ti.-Se acercó para acariciarle un mechón de pelo. Ella se alejó hacia el otro extremo de la cama.
-Déjame.-Le dijo Cornelia con rostro severo. El hombre se rió y se acercó más a ella, haciendo que esta se levantase de un salto en el otro extremo de la cama, y al ver como intentaba atraparla, corrió hacia la puerta de la habitación y después hacia el comedor, pero no sabía hacia donde seguir, todo estaba completamente cerrado.
Brunello se abalanzó sobre la chica, y la agarró para estrecharla contra sí.
-Vamos allá, princesa.

Dan se limpió las manos, Fabio era algo carnicero a la hora de entregar mensajes y le acababa de salpicar con sangre. Se encendió un cigarrillo mientras miraba como Fabio hablaba con su “amigo”.
-Abrirás mañana la fábrica.-le exigió Fabio, este escupió encima del hombre y se fueron directamente, dejándolo tirado en el suelo.
Dan le dió una calada más al cigarro mientras se metía en el coche.
-Creo que ha captado el mensaje.-le dijo a Fabio, que se sentó en el asiento del copiloto y se remangó.
Dan condujo hasta casa de Fabio. Llevaba rondándole por la cabeza una pregunta durante toda la tarde.
-Oye, Fabio. ¿Porqué Marco me ha mandado contigo? Siempre me hace ir con Brunello, o Toni, contigo no se fia...¿porqué hoy si?
-quizás quiere hacerte mensajero.-le contestó Fabio, pero no lo convenció.

Se dirigió hasta su apartamento, aparcó el bmw z9 chapado en negro y subió por el ascensor. Abrió la puerta con su llave, el piso estaba muy silencioso, se descalzó en su habitación, se quitó su americana negra y se desabrochó la corbata. Aun tenía algunas manchas de sangre en la chaqueta.
Se pasó por la habitación de Cornelia, desde ayer la había tenido en el cuarto y quizás necesitase ir al lavabo.
Abrió la puerta, a pesar de ser de día estaba todo cerrado, y las cortinas echadas.
-Princesa, ¿quieres ir al baño?-Nadie le contestó. Encendió la luz para ver mejor y la encontró acurrucada en la cama, dándole la espalda.-¿duermes a estas horas?-le preguntó, le daba rabia que no le hiciese caso así que se levantó para irse, pero al otro lado de la cama vio la camisa que le había prestado, la cogió y se fijó que estaba algo cedida y tenía algunos botones rotos.-¡Mierda niña! Si no la querías no te la pongas.-La cogió y se salió de la habitación encerrándola de nuevo.

-Esta camisa era buena. La próxima vez le daré una barata.-Estaba totalmente destrozada.-¡Joder!-la tiró contra el sofá y se abrió una cerveza.-Estúpida niñata.-se tiró en el sofá, normalmente una noche con Daniela lo dejaba tirado, pero tenía un malestar que no se pasaba.

Aquella noche volvió a pasar por la habitación de la chica.
-Voy a cenar, ¿te traigo algo?-le preguntó con más cortesía de lo normal, para no saltar por el tema de la camisa.-seguía en la misma postura, y volvió a ignorarla.-En fin-se dijo, cerró la puerta de nuevo.
Llamó a Daniela, que le preparó la cena y luego le hizo compañía en la cama.

-Mírame.-le dijo una voz femenina a Cornelia desde sus espaldas, al girarse se encontró con la chica, de Dan. Cornelia miró por la ventana, era de día, sus lágrimas estaban ya secas. Daniela la miró con gesto de superioridad mientras permanecía ahí de pie.-Ven.-le ordenó ella. Cornelia se dio de nuevo la vuelta y volvió a la postura en la que había estado los dos últimos días.
De pronto Daniela la cogió por el pelo y la estiró.-¡Ha dicho que vengas!-le gritó. Cornelia se cogió el pelo para evitar que le doliera y se levantó. Daniela se dio cuenta que estaba desnuda, con arañazos y en la cama había sangre. Sonrió.-Ha venido Brunello, ¿verdad?-A Cornelia se le paró el corazón.-Vamos, limpia todo esto, ¿no querrás que lo haga Dan? Vamos, has dejado la cama que da asco.-Cornelia se sintió avergonzada, estaba desnuda, con sangre entre las piernas y había dejado las mantas muy sucias. Obedeció a Daniela sin reacción y se agachó para recoger las sábanas, le daba igual estar desnuda, nadie quería ayudarla.-En la cocina está la lavadora.
Cornelia se fue hasta la cocina como le habían indicado y puso la ropa dentro del tambor de la lavadora, pero nunca había puesto ninguna, así que se quedó parada.-Inútil, pon el jabón y limpia los platos.-le dijo mientras ella se iba hasta el sofá. Cornelia recogió como pudo, pero le fallaron las fuerzas al coger uno de los platos y se le cayó al suelo, dejándolo lleno de cristales.
-¡Idiota!-Daniela se levantó y se dirigió hasta donde estaba ella, agachada recogiendo los cristales.-No sirves para nada. -se quedó plantada mirándola, mientras Cornelia recogía los cristales, al poco, se cortó con uno de ellos y paró con un grito ahogado. Daniela frunció el ceño, se agachó a su lado y recogió el fondo, del vaso, que aún se conservaba entero.-te odio.-le dijo.- Ojala nunca te hubieran secuestrado.-Entonces de pronto, Daniela agarró con más fuerza el cristal, y se lo estampó en la cabeza a Cornelia, que gritó y se encogió, protegiéndose la cabeza.
Los gritos de dolor hicieron aparecer a Dan.
-¿qué diablos?-sobresaltó este al ver a Daniela que se miraba un pequeño corte en la mano y a Cornelia agachada en el suelo, desnuda, llena de morados y arañazos y con la cabeza y el suelo ensangrentados.
-¡Dan!-exclamó.-Me ha intentado atacar para escaparse, mira-Le señaló la mano con aquel corte.-Me he defendido y...se abrazó al chico. Este miró a Cornelia y luego a Daniela.
-Ves al baño a lavarte.-le dijo delicadamente a Daniela, esta obedeció y Dan se acercó a Cornelia, que seguía encogida, sollozando. Fue a tocarle el hombro, pero esta se sobresaltó y lo miró, tenía los ojos llenos de lágrimas, la cara chupada y llena de sangre, y de la frente le salía más.-Mierda.-dijo.-A ver como arreglamos esto.

Cuando Daniela se fue, Dan llevó a Cornelia a su cama. Y la obligó a tumbarse.
-Déjame ver, niña.-Necesitaba ver si tenía cristales por el cuerpo, pero ella se encogía de manera que solo le veía los brazos y las piernas. Le dio una sábana, con la que se tapó-de acuerdo, no puedo llevarte a ningún médico, así que tendré que quitarte yo los cristales, después irás al baño y me dirás si tienes más en el resto del cuerpo.-Cornelia ni le contestó.-Eso te pasa por intentar escapar.-Le dijo con tono severo.
Se colocó con una silla al lado de la cama, preparó una mesita con paños y palanganas de agua caliente, y unas pinzas. Los primeros trozos fueron sencillos, eran grandes y se veían claramente.
-Oye...estos moratones y arañazos...¿te los ha hecho Daniela?-Cornelia recordó como se había echo los arañazos, y sin mover un músculo, dejó que unas lágrimas saliesen de sus ojos, pero no contestó.-Dan suspiró. Estaba claro que esa chica no iba a colaborar, ¿porqué debería hacerlo? ¿porqué le estaba curando unas heridas que él mismo había provocado? Seguramente, se estaba muriendo de dolor con aquellos cristales, pero no diría nada.
Al acabar, dejó que se duchara y le dio ropa limpia, pero ella seguía con una mirada en blanco, sin apartar la vista del suelo y ensimismada en sus pensamientos. Algo en ella le dio lástima, y decidió prepararle unas tostadas, se las dejó en la mesita del cuarto y se dirigió al comedor, encontró la lavadora a punto de estallar de jabón, corrió a pararla, sacó unas sábanas de dentro llenas de jabón y agua.-Joder.-se dijo para sí. Al revolver la sábana se dio cuenta de que tenía una mancha de sangre seca, que la lavadora no había podido quitar. Decidió tirarlas. Esa tarde salió de nuevo con Fabio por orden de Marco.

Durante su ausencia, Brunello volvió a visitarla personalmente.

-Es extraño, se dijo Dan mientras encendía un cigarrillo y se apoyaba en su coche.-Daniela dice que forcejearon, pero ella lleva unos morados muy extraños, por lo que sé de peleas, no creo que se los hiciera dani.
-Quizás debería habértelo dicho antes, Dan, pero recuerdo que Marco comentó que quería que Brunello, él y Toni, tuviesen un par de llaves.
-¿de mi piso?-Esto no era buena señal.- pero yo vivo ahí joder.
-Ahora no es tu piso, es el lugar donde tenemos a una chica secuestrada.-Le dijo Fabio.-Yo no le daría vueltas, pero creo que deberías cambiar las llaves de la puerta de ella.
Dan lo estuvo pensando durante el viaje en coche, y al llegar a su piso, vio como un coche desaparecía por la carretera, en sentido contrario al que iba él.
-Joder.-se dijo, aceleró y subió por las escaleras lo más rápido que pudo, el ascensor tardaba demasiado. Se percató que el había dado dos vueltas de llave, mientras que con una pudo abrir perfectamente, buscó las llaves de la habitación de la chica y abrió, para encontrársela de nuevo desnuda encogida, dándole la espalda.
Se quitó la chaqueta y se la colocó por encima.
-Niña-la cogió por el hombro y la levantó un poco.-¿quién ha estado antes aquí? ¿ha sido Brunello?-La chica no contestó, solo derramó un par de lágrimas más.-¡Joder, Cornelia.!-Su instinto le hizo abrazarla, y ella se dejó, mientras lloraba aferrada a Dan.
Al día siguiente, Dan salió a primera hora, para evitar que nadie entrase en el piso en su ausencia, y compró un cerrojo nuevo para la habitación de Cornelia. A estas alturas, hasta dudaba de daniela, le costaba trabajo creer su versión sobre el incidente con los cristales. Cornelia estaba demasiado ausente en su mundo propio como para intentar huir, había aceptado su destino y solo había creado un universo en su mente para evadirse de todo lo que le estaba pasando.
No se hizo copia de las llaves y la única que tenía se la colgó del cuello, a su vez llamó a un cerrajero, para que le pusiese uno nuevo en su casa, no pensaba permitir que los de la organización, entrasen y saliesen de su piso a su antojo, aunque fueran su familia.

Ese día, permitió que Cornelia pasease a su antojo por la casa, le abrió la puerta, pero ella decidió no moverse en todo el día.
-te he preparado la cena.-Le dijo el chico, con toda la amabilidad que le fuera posible, la había odiado mucho, pero ahora solo podía compadecerla. Aun así ella no le dirigió la mirada. ¿cómo iba a curarla una comida? Hasta había dejado la del día anterior. Se sentó en el borde de la cama y suspiró. Se levantó y comenzó a cambiar el cerrojo del cuarto de la chica.

Cornelia levantó un poco la vista al ver que el chico estaba agachado en su puerta haciendo bastante ruido. Hacía días que no tenía ganas de hacer nada, pero le dio curiosidad. Cuando se fue a levantar, para ir junto a él, tocaron al timbre y volvió a acostarse, pensando que había sido una idea estúpida.
Dan paró lo que estaba haciendo y abrió la puerta.
-Hola, yankee.-Le saludó con un puñetazo en el hombro Fabio y pasó.-¿Qué haces?-vio los tornillos y los destornilladores tirados en el pasillo y se acercó. Al asomarse a la habitación vio a Cornelia tumbada de lado dándole la espalda. Miró a Dan.-¿Qué estas haciendo?-Dan se rió y volvió a sus quehaceres.
-Le cambio el cerrojo. Desde lo que me dijiste, no estoy tranquilo.-Le confesó.
-Ya veo. Hola preciosa.-Le dijo Fabio desde la puerta dedicándole una sonrisa.
-Déjala, le ordenó Dan.-Fabio pudo ver en el ojo de Dan que algo malo había pasado. Se dirigió a la nevera y sacó dos cervezas.-¿Qué ha pasado?
Dan abrió la chapa de la botella con su mano y bebió.-Creo que Brunello ha venido, mientras yo no estaba.-Fabio ahogó un Joder, para sus adentros.-Y creo, que Marco lo sabía, es más creo que lo preparó todo él. Ella lleva tres días sin comer, y si le pasa algo me meteré en un buen marrón.
Fabio decidió acercarse a la cama de la chica, dejó su botella en la mesita y se recostó.
-Hey, preciosa.-Le dijo con voz suave y dulce, Cornelia lo reconoció, pero ya no soñaba con él, ya le daba igual todo. Fabio al ver que no se volteaba, se tumbó en la cama y se la colocó con la cabeza en su pecho.-Lo sabemos todo, Cornelia. Y aunque Brunello es de los nuestros, hacía ya tiempo que no nos caía muy bien.-Le sonrió con unos dientes perfectos y blancos.-Le daremos una paliza de tu parte ¿Sí? Eso se nos da bastante bien. Pero si no comes, no podrás recuperarte y verlo.-Dan se quedó apoyado en el marco de la puerta, a Fabio siempre se le habían dado mejor las mujeres, a parte de ser guapo, y tener los dos ojos, sabía tratarlas. En cambio, Dan siempre había sido algo más solitario, consideraba que la única persona capaz de portarle felicidad era el moreno.
Consiguió hacerla comer unos mínimos, mientras Dan acababa lo del cerrojo.

Le dejaron la puerta abierta, Dan estaba seguro de que no saldría y se fueron al comedor.
-¿Qué debemos hacer ahora?-Preguntó Fabio.
-No tengo ni idea.-Dijo llevándose la mano a la cabeza.


Dan apenas cerraba a Cornelia, Fabio se pasaba muchas horas con Cornelia, y poco a poco, le iba hablando, al contrario que con él. Así que su posibilidad de escapar cada vez era más improbable.

Por fin, Dan tenía tiempo para el. Cornelia se paseaba por la casa, aunque no le hablase, y Dan simplemente la trataba como a su compañera de piso, aunque también pasaba de ella.

Un día, Toni lo llamó, Toni Mazzuca era el segundo al mando, la mano derecha de Marco. Quería citarlo en el local donde solían tener las reuniones. La organización era bastante grande, por supuesto, estaba organizada por distritos y todos respondían a Marco. Estos se encargaban de tener comprados a los políticos y policías.
Fabio estaba citado también a la reunión así que Cornelia debía quedarse sola. Se acercó al comedor, donde estaba sentada viendo la televisión.
-Oye...debo salir, tengo una reunión.-No sabía exactamente que decirle.-¿estarás segura si te dejo sola en la casa?-era la primera vez que se iba y la dejaba sola, ya que siempre estaba Fabio o él, entonces se dio cuenta de que estaba más preocupado por que alguien entrara y ella quedase desprotegida, que por que ella escapase. Se rió para sí.
-Si...-le dijo, entonces Dan recordó que aun conservaba un antiguo busca. Y se lo dio.
-Con esto, no podrás llamar a nadie, claro, el móvil lo llevo yo, y no hay fijo en esta casa, pero si lo aprietas aquí, me enviarán un mensaje a mi teléfono. Apretalo en caso de peligro y vendré.

Se puso su americana y se fue, cerró por fuera y se fue con su bmw.

Cornelia se dio cuenta de como habían cambiado las cosas en semanas, hasta se había acostumbrado a su vida en aquel apartamento. Apenas recordaba a su padre, del cual no le habían dado ningún tipo de información, y de natte, aquel horrible chico que salía con ella porque su padre se o había pedido para vigilarla.
Ahora pensaba mucho en Fabio, se preocupaba por ella y la atendía en todo lo que quería, había averiguado muchas cosas sobre él, su padre le había obligado a dejar los estudios para entrar en la organización, como había hecho él en sus tiempos, a pesar de que no tenía ninguna mujer en sus planes, ni en su vida, no trataba a Cornelia más allá de una simple cortesía para que ella estuviera cómoda, y respecto a Dan...había una cortina de indiferencia, a veces, lo veía sentado en el sofá con un cigarro entre sus dedos, un día se dejó la puerta entreabierta en el baño, y volvió a verlo como la primera vez, apoyado en la pared de la ducha, mientras el agua le caía. Fabio era más atractivo, al menos no tenía una cicatriz en su cara, aunque Dan era bastante más musculoso y alto.

Aprovechó para darse un buen baño, tranquilo y relajante, y se vistió con otra de las camisas de Dan, el chico cerraba siempre su cuarto con llave, pero procuraba dejarle mudas limpias para vestirse, aunque, por supuesto, la ropa interior era de Dan.

Al poco, le entró sueño y se dirigió hasta su habitación.

El ruido de la puerta la despertó, se quedó tendida para esperarlo, siempre se asomaba por la puerta para avisarla de que había llegado y no pensase que era Brunello. Al pensar en él recordó como la obligaba a tenderse bajo suya y se estremeció.
Pero Dan no la visitó aquella noche, en cambió lo oyó meterse en su habitación y toser como si tuviese una enfermedad, y después un estruendo. Por una parte, Cornelia se levantó del susto, y se asomó por su puerta. Encontró el pasillo ensangrentado. Se alarmó y se fue hacia la habitación de Dan. Lo encontró tirado en la cama boca abajo, la oscuridad de la habitación no le dejaba ver si dormía, pero oía sus jadeos, pudo ver las llaves del piso tiradas en el suelo, igual que su cinturón con su pistola.
Era su oportunidad de salir de aquel lugar. Se acercó lentamente, cuando estuvo a la altura de las llaves notó líquido alrededor, y a juzgar por lo visto en el pasillo, debía ser sangre. Recogió las llaves lentamente, y de pronto una mano la agarró del hombro.
-No te vayas...te necesito.-Dan hablaba entre jadeos, se le notaba débil y dolorido. Sin darse cuenta, soltó las llaves y encendió la luz, para contemplar un Dan tumbado boca abajo, sudando, y con la cama ensangrentada.
-Dios mio.-se dijo. Cornelia para si, no podía ver de donde salía la sangre.-Yo,...yo no se que debo hacer. Hay que llamar al hospital.
-¡No!-jadeó-Joder, es una herida de cuchillo, Cornelia.-Se dio la vuelta entre quejidos, Cornelia pudo ver que la herida venía del omoplato. Sangraba a borbotones y estaba dejando la camisa del chico totalmente manchada. Dan gimió de dolor y se desmayó.
Cornelia buscó el número de Fabio, él sabría que hacer. Pero los nombres estaban codificados por números, y se desesperó.
Decidió quitarle la camiseta, pudo ver la horrible herida y como le había cubierto todo el pectoral de sangre.
Corrió hacia el baño, donde pudo rellenar un cuenco de agua caliente, y unas toallas, además del botiquín de primeros auxilios.
Pudo limpiar la herida y taponarla con unas vendas y esparadrapo.
Pudo ver que Dan en el torso, era aun peor que en la cara, a pesar de tenerlo fornido y tenso, tenía una gran cicatriz que le iba desde el pectoral izquierdo hasta la cadera derecha, además de un montón de pequeñas cicatrices que le cubrían todo el cuerpo. Sintió lástima por Dan, era difícil mirar su cuerpo, y seguramente, antes de todas aquellas cicatrices, fue un hombre muy atractivo, además, era impensable que una persona hubiera sufrido todo aquel castigo en su cuerpo...debía haber recibido un terrible castigo.
Sin darse cuenta se encontró acariciando sus cicatrices, el tacto le producía una extraña sensación.
Se sobresaltó al salir de su ensimismamiento y se dirigió hacia el comedor, sabía que debía irse, ese era el momento, el único momento en el que podría escapar. Pero no podía, no podía dejar a una persona desangrándose en el cuarto, además...¿y si Brunello hacía guardia fuera? Con Dan estaba segura pero fuera...
Al rato escuchó toser a Dan, corrió a su lado esquivando los restos de sangre del parqué.
Lo vio intentando recostarse en aquella inmensa cama.
-¡No!-dijo ella obligándolo a tumbarse.-Se podría abrir la herida.-Dan se llevó una mano a la frente y se echó el pelo hacia atrás. Pero acabó por recostarse a duras penas.
-Tranquila, he estado en peores situaciones.-Suspiró.-Tú...¿has sido tú?-Se miró la venda.-Ella se sonrojó y miró al suelo.-Ey, tranquila, está muy bien para una princesa.-Le sonrió por primera vez de corazón.
-¿Quién...te ha hecho todo esto?-No pudo evitar preguntarle sobre sus cicatrices.
-Ah...bueno, supongo que no soy bueno en mi trabajo...y me castigan a menudo.-Sacó su sonrisa torcida, la que dejaba ver sus colmillos blancos.-sabes, ya tenía ganas de escuchar tu voz.-Le dijo Dan acercándose a Cornelia, la acercó agarrándola del hombro hacia la cama y la dejó a unos centímetros de su boca.-Sabes que podrías haberte escapado ¿no?...gracias-le susurró y le dio un profundo beso en los labios.
Ella se alejó de pronto.-¿Así les das a todas las gracias?-Dan se sorprendió.
-¿Qué?....Solo, me apetecía besarte.-dan se llevó la mano al hombro, le dolía, y no estaba demasiado acostumbrado al rechazo.
-No soy tu ligue. Soy tu prisionera, si estabas sintiendo algo por mi, libérame. Deja que me vaya.
Dan se enfadó, se levantó y la empotró contra la cama. Ella forcejeó.
-Acaso, no entiendes. Pequeña, esta herida la llevo porque en la reunión de la organización, pedí que le liberasen.
-¡No me mientas!-le gritó ella.
-Lo siento, pero el cabrón es tu padre, no quiere recuperarte. No ha pagado, y habíamos quedado para discutir sobre ti. Iban a matarte.-Dan no se odiaba por la mentira que le estaba diciendo, la herida solo era por haber cambiado el cerrojo de las puertas. Su padre había dado el primer aviso, estaba haciendo los pagos como debía ser, pero ninguna mujer lo rechazaba, y deseaba tenerla aquella noche.
-¿Matarme?.-Cornelia contenía las lágrimas.
-Tranquila, eso no pasará, yo te protegeré.-y volvió a besarla, a lo que ella le correspondió y el sonrió para sí.

Cornelia se despertó junto a Dan, dormido y desnudo. Sonrió, ya imaginaba que su padre no pagaría por ella, siempre había intentado tener una buena imagen cara al público, y una hija como Cornelia solo era una molestia. La historia se repetía, volvía a huir de su padre, pero no con Natte, sino con un apuesto desconocido que había cuidado de ella, desde lo de Brunello.
Se abrazó a Dan y suspiró.
Al poco este se despertó y se movió lentamente, pensando que ella estaba dormida, y se levantó. Ella continuó tumbada y fingiendo que dormitaba para poder contemplar su espalda, con aquel tatuaje que le había llamado tanto la atención cuando lo vio por primera vez.
Dan se estiró el hombro y se miró la herida, después caminó hasta el pasillo y se metió en el baño, pero dejó la puerta abierta, Cornelia se levantó mientras Dan se daba una ducha. Decidió prepararle el desayuno, cocinaba de pena, pero pudo organizarse para untar algo de pan con mermelada.
Se vistió y se pudo manos a la obra. Al poco Dan apareció con los pantalones negros desabrochados y una toalla sobre su cabeza, mientras la sacudía para secarse.
-¿Qué haces, princesa?-Cornelia ya no sabía si la llamaba de ese modo para burlarse de ella o de forma cariñosa.
-Hago el desayuno.-Dan no pudo evitar reírse a carcajada limpia.-mejor lo hago yo.-De pronto sonó el timbre y Dan abrió la puerta.
Daniela saltó a sus brazos de pronto.-Il mio amore.-le dijo besándolo. Vio a Cornelia y paró.-¿Aún la dejas suelta por aquí? Mira lo que te ha costado.-Le señaló la herida del hombro.-Debería darte igual quién entrara a tirársela.
-Ves a tu cuarto.-Le dijo Dan a Cornelia. Esta quedó helada con el cambio de personalidad que había sufrido el chico.-Ves Daniela, ahora vengo.-La chica se dirigió hacia el cuarto de dan y este fue hacia Cornelia, agarrándola del brazo.
-¿Qué crees que haces?-Le dijo ella enfadada y soltándose. Dan se rio.
-Oh, vamos, ¿No habrás pensado que por echar un polvo dejabas de estar prisionera?-Daniela tragó saliva, era un desgraciado.
-Pero...Dijiste que me habías salvado.
-Si, si, te he salvado.-mintió.- pero hasta que te saque de aquí sigues siendo una prisionera...sinceramente, tampoco eres para tanto en la cama.-sin darse cuenta la había metido en la habitación, y esta le dio una bofetada. Dan se estaba enfadando.-metete, ahí, que estoy ocupado.

Cornelia lloró hasta su cama, y de pronto recordó todas las horribles cosas que habían pasado desde que lo había conocido. Su padre, Natte, Brunello, Daniella, y él.

Dan se frotó la mejilla. Quedó parado tres segundos. Se arrepentía de lo que había pasado aquella noche, daniella era mucho mejor en la cama, y no le montaba estos numeritos.

Se dirigió hacia su habitación y cerró la puerta.

Cuando Daniela se fue, dejó salir a Cornelia.
-No quiero que me desobedezcas otra vez. Si te digo que te vayas a tu cuarto, te irás.-Cornelia no le contestó pero supuso que lo había entendido.
-Dime solo una cosa...dime la verdad.-Le preguntó ella con voz firme.-¿es cierto lo que me dijiste? ¿Me proteges?
-Si.-En parte, se dijo para sí. Si confiaba más en él, todo sería más fácil.

Preparó algo de café y ambos se sentaron en la barra.
-¿Llamaste a Daniela para molestarme?-dijo ella después de un silencio.
-¿qué?
-No habías ni acabado conmigo y ya estaba ella entrando por la puerta.
-Mira, princesa. Me gustabas más cuando estabas callada en tu cuarto. Vino ella de pronto ¿de acuerdo? No quiero hablar más del tema.
Cornelia obedeció y no volvió a dirigirle la palabra. Todo volvió a ser como cuando fabio estaba con ella, hasta volvió a hacerle compañía, pero ella no quería estar con nadie.

-¿Que le pasa a Cornelia, yankee? Desde que tuvimos la reunión en el local...-Fabio miró la habitación donde ella estaba encerrada, a Dan no le gustaba que pululase por la casa mientras él y Fabio estaban en casa.
-Me acosté con ella.-contestó Dan. Fabio dejó su vaso de bourbon y tragó lo que le quedaba en la boca. Dan se apoyó en la barra y esperó la reprimenda.
-¿Qué coño te pasa? ¿No te basta con Daniella?
-me apetecía alguna que un hubiese estado usada por media sociedad.
-Mira, Dante. Creo que llevas demasiado tiempo aquí, tomate unos días libres ¿vale? Me quedaré con ella y tu puedes ir a mi casa. Sal de bares y tírate a la que quieras.-Fabio le acarició el pelo y se acercó casi rozando sus labios.-O al que quieras.-le susurró.
-Muy gracioso- le dijo el rubio alejándose de él.-sabes que odio esta faceta tuya.
-Eso es lo que dices, en fin, yo ya ligué ayer, así que puedo quedarme con ella, al menos yo no me la tiraré...creo.-sonrió.
Dan era peligroso en cuanto a mujeres, pero Fabio no se libraba, era más joven y a veces, no le importaba que fuese un hombre, le gustaba romper la monotonía. Lo había intentado con Dan, pero a pesar de haberlo pasado bien, no había querido repetir, cosa que a Fabio no le gustaba, ya que adoraba su parte masculina.
Decidió hacerle caso y se marchó al piso del moreno.

Fabio decidió saquearle la nevera y el mini bar.
Al poco abrió la puerta de Cornelia.
-Hola, guapa. Cambio de niñera.-se sentó en la cama junto a ella.- Dan se va por un tiempo. Estos días estaré yo aquí. No te encerraré si te portas bien ¿vale?
-Yo me porto bien, diselo a Dan.
-¿Quieres que te cuente un secreto?-Cornelia le prestó atención.-venga te prepararé algo para comer.
Se dirigieron al comedor y decidió coger los chuletones en honor a Dan. Empezó a cocinarlos.
-¿Qué quieres contarme?-Le dijo ella sentada enfrente de la barra, dirección los fogones donde estaba Fabio
-Necesitas una cerveza.-Le puso una en la barra.
-Oh, no, yo no bebo cerveza.-Fabio suspiró.
-Ciliegia...olvidaba que eras una pija. O cerveza o no hay secreto.-Cornelia aceptó y se la sirvió en un vaso. Fabio suspiró y se llevó la suya a los labios directamente de la botella.
-¿Sabías que el padre de Dante no quería que entrase en la sociedad? Pero murió, y su madre se casó con su mejor amigo, Marco, y él hizo que entrase. Al principio lo odiábamos, todos eramos Italianos, pero él tenía madre Americana y bueno, estaba mal visto. Yo lo odiaba como el que más. Pero me di cuenta de que, para nosotros estar en la sociedad era un premio, pero Marco procuró que para Dante fuese un castigo.
-Así que de ahí todas sus cicatrices...¿no?-Cornelia aun recordaba la entonación con la que se lo había confesado Dan en la cama.
-Marco es una persona muy dura, fue el que quiso que Brunello viniese cada día a darte una....lección.-Cornelia notó como le notaban las piernas.
-Te contaré algo, pero si Dante se entera de que te lo he contado...No te sacará del armario de las escobas.
-Pero, si el que se ha chivado eres tú.-Respondió Cornelia picada.
-Cierto, pero yo soy su mejor amigo. Además no es una historia para contar por ahí. ¿Saber porqué dante tiene esa cicatriz en el ojo?
-Por...¿los castigos de tu jefe?
-Exacto, pero, esa vez, fue la peor para Dante. Cuando cumplió los veintitrés años, Dante se casó, con una chica mayor que él, de veintiséis años, era buena chica, pero Marcus se enfadó, se casaron de escondidas pero cuando Marcus se enteró, le sacó el ojo como castigo. La chica...cayó en depresión, se echaba la culpa de lo que Marcus le había echo, y siempre que lo miraba...supongo que veía ese ojo.-Cornelia recordó lo horrible que le pareció la cicatriz. Pero siempre le pareció un resultado de una pelea callejera, en algún bar de borrachos.-Al poco ella se fue.
-Yo....-Cornelia no supo que responder. Fabio se rió.
-Tranquila, solo lo sabemos los de la sociedad. Es mejor que no pienses más, Dante es como es. Tú no podrías cambiarlo.-De pronto comenzó a reírse.-es más, ahora que recuerdo a aquella chica...se parece bastante a ti.-Se rió.
-¿Qué ocurre?
-Nada, bueno, te he imaginado con él. Es curioso. Aunque no lo parezca sois bastante parecidos.
-¿Cómo voy a ser parecida a ese horrible hombre?
-Bueno, sois algo tercos ambos. -Cornelia volvió a pensar en Dan. Por algún motivo, lo compadecía. Ella había muerto por dentro cuando sus seres queridos le dieron la espalda.
-¿Sabes? Dante después de lo de aquella chica...cambió mucho. Yo empecé a acercarme a él, porqué pensé...¿que debe ver al mirarse en el espejo?-Aquella frase hizo que Cornelia sintiera un latido fuerte en su corazón.


A la mañana siguiente, Cornelia se levantó y se asomó a la habitación de Dan, vio al chico ponerse la camisa, pero era más delgado y tenía el pelo negro.-Fabio...-Se dijo ella, seguía ahí, habían pasado tres días desde que Dan se había ido, y Fabio ocupaba ahora su lugar.
Era mucho más atento que Dan, pero en cierto modo lo echaba de menos.
Se duchó y se dirigió hacia el comedor. Fabio se preparó el desayuno.
-Necesito que me ayudes, tenemos que hacer limpieza en este apartamento.-le dijo Fabio mientras se tomaba un café.
-¿Limpiar? ¿Tiene este apartamento y tiene que limpiarlo él?
-Cornelia, por favor... ¿Crees que Dante podría tener por aquí a su criada teniendo una chica secuestrada?-Cornelia se sintió algo idiota por la pregunta que había formulado. Fabio se acabó el café y comenzaron la limpieza, Cornelia nunca había limpiado pero Fabio tenía mucha paciencia para enseñarle y intentó ayudarla.
-Busca un paño en la cocina.-Le pidió Fabio mientras él desmontaba los sofás. Cornelia se dirigió a la cocina, y comenzó a buscar por los cajones. En uno de ellos, encontró una fotografía, en ella aparecía Dan, sin cicatriz, tenía una mirada penetrante de ojos azules y tez morena, aparecía junto con una chica pelirroja y muy parecida a Cornelia pero algo más hermosa y mayor. Ambos estaban abrazados y sonriendo, Dante parecía sonreír con felicidad en su cara. Era algo tan extraño...
Sin darse cuenta ella sonrió.
-¿Has encontrado el paño?-Fabio la sacó de su ensimismamiento y esta se dobló la fotografía para guardársela.
-N-No.-Dijo ella, Fabio se acercó y la ayudó.
Al acabar se tiraron en el sofá ambos, Fabio cogió una botella de cerveza.
-Fabio, ¿Dónde está Dan?-le preguntó ella sin mirarle a los ojos.
-En mi piso.-Respondió él.
-Pero...¿se fue por mi culpa?
-Por así decirlo.-le dijo él dejando de limpiar.-Supongo que no es tu culpa, pero Dante...bueno supongo que es difícil de explicar.-Cornelia sabía a lo que se refería. La odiaba por lo que se parecía a aquella mujer.
Al acabar la limpieza se sentaron ambos frente a la televisión.
Cornelia empezó a pensar. Su cabeza se fue hacia aquella mujer, Dante la odiaba porque se parecía a la mujer que le había roto el corazón. De pronto se ocurrió una idea, una idea malvada y perversa. Quizás pudiese usar esa baza a su favor, si se había enamorado de aquella mujer, podría hacer que se enamorase de ella, y así podría escapar. No era la primera vez que usaba a alguien de esa manera. Y aunque en parte sentía lástima por Dan por otra solo podía pensar que seguía estando secuestrada y que se había acostado con ella para dejarla tirada.
Recordó como lo había hecho años atrás, unas amigas y ella habían decidido burlarse de un chico algo feo que tenía un flamante coche, necesitaba que la llevase de compras porque su padre le había retirado la limusina como castigo. Así que fingió que estaba interesada en él, averiguando todos sus gustos y fingiendo interés por ellos.
Interrogó a Fabio disimuladamente, si algo sabía hacer era manipular. Averiguó todo lo posible sobre Dan.

De pronto alguien abrió la puerta. Dante tiró las llaves en el cuenco y se sacó otras del bolsillo para dárselas a Fabio.
-¿Ya has vuelto?-Le preguntó Fabio cogiendo al vuelo las llaves que le había tirado.
-Sí.-Se tiró encima del sillón.- Echaba de menos mi jacuzzi y mi cama.-Se quitó la americana, dejando ver su camisa medio desabrochada. Cornelia comenzó con su plan y se levantó para cogerle una cerveza de la nevera.
-Ten.-Le dijo con la voz más angelical que pudo poner.-Yo...pensé que estabas cansado y...-Disimulando al ver el rostro de Dan con su cara de asombro.
-Pues...vale.-le dijo él. Llevándose la botella a los labios.
-Pues yo me voy a casa.-le dijo Fabio.-¿Has destrozado mi piso?-Dante sonrió con una sonrisa torcida. A Cornelia le picó la curiosidad.
-Por cierto, debes buscarte a otra asistenta.-Dijo Dan. Fabio lo miró lentamente.
-¡Oh no! No, no. ¡Me gustaba Dante! Dejaba mi casa como una patena. -Fabio se llevó las manos a la frente.
-Mejor busca a una que esté mayor y gorda.-le dijo él.
-No, no, ni hablar, me la buscarás tú.-Dan sacó una tarjeta y se la dio.
-esta es la mía, está de vacaciones pero seguramente no le importará pasarse.-le dijo el rubio. Fabio se levantó y se marchó.

Dan se quitó la camisa sin tapujos para mirarse la herida de cuchillo. Estaba bastante fea y le había inutilizado el brazo.
-Oh.-Cornelia tuvo que contenerse para no marearse. Hizo de tripas corazón y se levantó para coger uno de los paños donde había encontrado la fotografía. Mojó el paño en agua caliente, se acercó a Dan y tragó saliva.
-Esta fea ¿No?-Dijo Dan apartando la vista.
-Bueno.-Cornelia odiaba la sola idea de tocarlo, pero pensó en su gran plan y limpió la herida tan bien como pudo oyendo algunos quejidos del chico.-¿te la has limpiado tu?
-Si.-Dijo él.
-¿No...te dolió?
-Me duele siempre.-Dan se llevó un cigarro a los labios y lo encendió. Cornelia volvió a contemplar las cicatrices que le rodeaban el cuerpo y recordó que cada una de ellas era algún castigo puesto por su padrastro. Quitó el pus de la herida y la limpió a fondo.
-Voy a por vendas.-dijo ella. Se dirigió al baño y buscó a fondo el botiquín. Dentro no había vendas, buscó por los cajones, al encontrarlas se dirigió a su cuarto y colocó la fotografía debajo de su almohada.
Volvió al comedor y se encontró al chico tumbado boca arriba en el sofá, con los ojos cerrados y su cabeza apoyada encima de su brazo bueno. Aun tenía el cigarro encendido en la boca, así que ella se lo quitó de la boca y se lo apagó en el cenicero.
Después le colocó la venda y le acarició el suave pecho.

Cuando Dan despertó vio a Cornelia preparando algo en la cocina. Se recostó y vio que tenía el hombro vendado.
-¿Qué haces?-Le preguntó el levantándose. Cornelia vio como se le tensaban todos los músculos y se quedó anonadada.
-Yo...pensé que tendrías hambre.-Le puso la comida en el plato, pasta con tomate. Y se lo colocó en la barra americana.
Dan se acercó y se dejó caer sobre el taburete.-Oye... Con respecto a lo que pasó la otra vez...-Dan sentía algo de pena por aquella chica, no pensaba decirle que le había mentido, pero si por como reaccionó cuando ella despertó.
-No pasa nada.-Dijo ella sin dejarlo acabar.- No hay nada que decir, supongo que empezamos con mal pie ¿no?-Se acercó a él con una sonrisa y le tendió la mano.-Hola, me llamo Cornelia, encantada.-Dan le apretó la mano y ella le correspondió dándole una gran sonrisa.
-Bueno, gracias por la comida y por...-Con sus ojos señaló su hombro.-Cornelia exprimió su mejor sonrisa.
Comieron en silencio. Cornelia puso los platos en la pila y los limpió lo mejor que pudo. Dan se echó la siesta en la cama, estaba agotado y cada vez le dolía más el hombro.

Cornelia se quedó en el comedor, viendo la televisión. De pronto oyó unas llaves que abrían la puerta de entrada. Pensó que se trataba de Fabio, pero al poco vio la cara de brunello sonreirle desde el pasillo.
Capítulo 7

Brunello se acercó a Cornelia, sonriendo con esa horrible boca de dientes torcidos, recordó como la había besado, restregándole su mal aliento y su lengua por su boca.
-¡Dan!-gritó ella mientras aquel horrible ser se le ponía por encima e intentaba besarla. Forcejeó, no volvería a apoderarse de nuevo el miedo en ella, lucharía todo lo posible por huir de aquel monstruo.
-Brunello.-Oyó la voz de Dan detrás suyo. Este se quitó de encima y ella se incorporó para ver a Dan apuntándolo con una pistola, apoyado en la pared de la puerta de la entrada y sujetándola a duras penas con su brazo izquierdo, mientras dejaba el herido colgando. Brunello se rió.
-vaya, vaya Dan, aun no te has repuesto de tu trofeo.-le dijo señalando su hombro.-dejame hacer y así no tendrás problemas de nuevo. O pegame, y Marco te matará.
-¿Como has conseguido mi llave?-Le preguntó Dan incorporándose cada vez que su hombro le fallaba y le obligaba a dejar de apuntar.
-Lo siento Dan, la próxima vez vigila bien a quien contratas como cerrajero. He venido a llevarmela, Marco está harto de esperar, la llevaremos al local, ahí estaba a mis cuidados. -Dan preparó la pistola para disparar.
-Tócala y te mato.-Brunello se rio.
-Es verdad que se parece mucho a aquella puta que tenías como esposa, ¿cómo se llamaba?-Dan permaneció impasible mientras el hombre hablaba.-¿Quieres saber un secreto? Cuando te dejó, ¿sabes a quién acudió? Al menos esta nueva intenta forcejear cuando me abalanzo sobre ella.-Cornelia oyó como un ruido como de bomba apagaba la voz de Brunello, al poco se desplomó, cayendo de espaldas sobre el suelo, ella comprendió lo que había ocurrido cuando vio el cañón de la pistola de Dan, que sacaba humo, y un líquido caliente y rojo que le comenzaba a manchar los pies.
Dan se acercó a ella y sin decir palabra la cogió en volandas. Llevándola hasta su cuarto.
Cornelia seguía confundida por un pitido en los oídos, observó a Dan mientras la sentaba en su cama y con un paño le quitaba la sangre de los pies, en silencio.
-Yo...-dijo ella, pero no pudo oírse a si misma. Después Dan se puso frente al espejo y se quitó la camisa, se tocó el hombro vendado haciendo una mueca de dolor y se tumbó boca arriba, con la cabeza encima del brazo bueno.
-Duermete un poco.-Pudo adivinar que le decía y cerraba finalmente los ojos. Ella se recostó un poco, aun no comprendía muy bien lo ocurrido, pero una fuerza extraña se apoderó de ella y al poco quedó tendida sobre la cama de su enemigo, durmiendo.

Cuando despertó el sonido era claro en sus oídos, alguien estaba haciendo mucho ruido en el comedor, prácticamente por inercia se levantó, estaba sola en aquella habitación, así que con paso decidido recorrió el pasillo y se topó con Fabio y Dan, que limpiaban una mancha donde antes había estado el cuerpo sin vida de Brunello.
Fabio se acercó a ella, mientras esta observaba sin parpadear aquel charco que Dan intentaba fregar con una sola mano.
-¿Cómo estás?-le preguntó con voz seria, Cornelia miró a dan, que no cruzó la vista con ella en ningún momento. Entonces esta se sintió culpable, Brunello la había utilizado para molestar a Dan, solo por un asunto de su pasado, y le había disparado, fríamente y delante de sus narices, como si fuese algo normal para aquella escoria italiana.
Fabio se ofreció a prepararle un baño y se fue por el pasillo. Cornelia se acercó a Dan sin poder evitarlo.
-Yo...-Dijo ella, Dan evitó su mirada.
-Está bien.-la interrumpió.
-¡No!-Gritó ella.-No está bien, déjame hablar, déjame hablar contigo.-Dan se cayó, pero no la miró.-Yo...quiero decirlo, lo siento. No sabía nada sobre tu mujer, no sabía que lo hacía para enfadarte. Yo, se porqué estoy aquí, quería hablar contigo pero nunca...nunca he podido decírtelo. Cojí una foto de tu mujer...yo la conozco. Ahora se porqué me tienen aquí contigo.
-¡¿Qué?!-Dan se acercó a ella con paso decidido. Y la agarró fuertemente del brazo.-¿La conoces? ¿La conoces, sabes porqué te tienen secuestrada y no me lo has dicho?
-¿Tú no sabes porqué me han metido aquí contigo? ¿Acaso no formas parte de ellos? ¡Como es posible que permitieras todo lo que me ha pasado solo porque te lo han dicho! ¡Sin saber, sin saber porqué Brunello venía a visitarme tantas veces, sin saber porqué me tenías encerrada! ¿Cumplías ordenes no? Te ordenaron que me encerraras y me mantuvieras cautiva, viste lo que me parecía a ella y me tuviste cerca para poder aferrarte al recuerdo.
-Dime...de que la conoces...por, por favor.-La voz de Dan se apagó lentamente, mientras miraba en algún punto del suelo.-Dime solo...si aun me recuerda.
-Ella, es la hermana de mi madre. Cuando mi madre murió, ella era demasiado joven y...odió a mi padre, decía que había muerto por su culpa. Nunca quiso saber por su sobrina, así que no eres el único al que abandonó. La última vez que supe de ella...se había ido con una gran suma en su cartera, a cambio de no revelar datos confidenciales de la creación de la empresa de mi padre. Nunca te mencionó...-Cornelia se soltó de Dan y se llevó una mano a la boca, sintió como sus lágrimas salían de sus ojos. Al poco miró a Dan, pero el solo siguió mirando aquel punto en el suelo, con los brazos caídos, sus piernas lo mantenían de pie por inercia. Cornelia se acercó a Dan, pensando que en algún punto de aquel monstruo captor, se escondía un hombre que en algún momento de su vida, podría haber sido su tío, pero ahora solo era un hombre con el corazón roto, engañado por la misma mujer que ella. Se acercó a él y le rodeó por detrás con los brazos, manteniendo el abrazo. Ahora entendía el porqué estaba ahí, todo por su padre. Por aquella empresa creada a partir de sus mentiras y engaños. Por aquella industria tabaquera de la cual ella no sabía nada y a su vez se lo imaginaba todo.
-No me abraces más.-Le dijo Dan con un susurro. Se apartó de ella, pero continuó dándole la espalda.-Te mentí. Tu padre...pagó, pagó por ti, hizo todos los pagos para recuperarte, pero yo...yo quería que confiaras en mí. Te parecías tanto a ella....que te engañé para acostarme contigo.-Cornelia se retiró unos pasos.-¡Mirame!-le gritó ella. Este se giró lentamente y colocó su ojo azul sobre los de ella, con su expresión inescrutable. Cornelia gritó y le plantó una bofetada con todas las fuerzas que pudo sacar.-Mi padre espera que vuelva. Nunca me ha abandonado.-Susurró ella, Dan solo se mantuvo ahí de pie. Cuando ella se giró para dirigirse a su habitación se topó con Fabio, que llevaba escuchando su conversación desde el principio, pero no le dijo nada, evitó su mirada y dejó que se encerrara en su cuarto.

Dan la evitó durante algunos días, ella salía para alimentarse e ir al baño y él solía tumbarse en el sofá mirando al infinito durante horas. Un día Cornelia le preguntó si deseaba algo para comer, sin darse cuenta de que sus palabras salían de sus labios, pero él la ignoró.
Unos días después, Fabio llegó con noticias, los tres se sentaron en el comedor sin mirarse.
-Estuve en la última reunión, la semana que viene quieren llevarte con ellos, quieren sacarte información.-Dan se removió en su asiendo al escuchar la última frase.
-¿Qué es lo que buscáis?-Le preguntó Cornelia a Fabio.-¿Es por mi padre?
-Princesa, esto siempre ha sido por tu padre. Hace unos veinticinco años, Charles Waldorf hizo un trato con la mafia italiana, en aquellos tiempos, muchos pedían favores, nosotros comprábamos el mercado y les hacíamos el hueco, después simplemente a cambio pedíamos la mayoría de las acciones de la empresa. Pero tu padre, no solo no nos pagó, sino que él solo consiguió hacerse una de las más poderosas industrias tabaqueras. Por eso...tu tía,-Miró a Dan-ella lo sabía, y le hizo chantaje. Solo queremos lo que se nos prometió, queremos las acciones, y por eso te necesitamos, tenemos que saber como ha crecido de forma que podamos encontrar su punto débil.
-Pero yo...-Yo no sabía nada de todo esto. ¿Cómo podéis pensar que una niña de veinte años tiene información sobre una industria?-Entonces lo comprendió.-No...no tenis nada más ¿cierto? Estáis totalmente perdidos.-Cornelia comenzó a reírse, de pronto escuchó de su boca una carcajada, era la primera vez en semanas que se reía.
-Cornelia, aunque no sepas nada...ellos te interrogarán, y no son precisamente amables.-Dan le dirigió la palabra por primera vez en semanas.-¿Cómo podemos librarnos?
-Ya sospechan de ti por la desaparición de Brunello, así que no creo que la devuelvan aquí cuando acaben con ella. Deberíamos sacarla de aquí.-Dan miró a Cornelia y después miró a Fabio, que esperaba su respuesta. Simplemente se levantó y se encendió un cigarrillo.-Bueno, yo debo irme, si necesitáis algo llamadme.-Fabio se levantó y se fue. Dejándolos en un silencio incómodo.
Cornelia decidió romperlo mientras el saboreaba aquel cigarrillo.-¿No quieres liberarme, cierto?-Dan suspiró.-A pesar de las muchas lesiones que te han causado, prefieres entregarme a ellos antes que actuar como cualquier ser con un atisbo de conciencia actuaría.
-Creo, que le estás pidiendo conciencia a la peor persona del mundo. Tú me has causado todos estos problemas. Te protegí de marco, de daniela y de Brunello.-Cornelia se llevó la mano a su corazón.
-Si crees que realmente es mi culpa, lo siento. Pero sabes que todo esto no es mi culpa, lo sabes, lo que odias realmente es que si las cosas hubiesen sido de otra manera, tu hubieses sido hasta de mi familia. Sabes lo que debes hacer, llevame con mi padre, Dan. Lo que Marco pretende no saldrá bien, y el único que sufrirá su ira serás tu. El te odiará siempre, Dan.
-¡Deja de hablar como si me conocieras!-Le gritó el apagando el cigarrillo en el cenicero.-Yo nunca hubiese sido parte de tu familia. Nunca supe mantener la mía.-Se desplomó sobre el sofá. Cornelia se acercó lentamente, se mantuvo de pie, se acercó la cabeza de Dan al pecho y la acarició. Dan se mantuvo quieto, y al poco la rodeó con sus brazos estrechando su frente contra su pecho.
-Yo no soy ella, Dan. No voy a abandonarte.-Cornelia no pudo creer lo que su alma estaba diciendo.

Dan se levantó del sofá y se vistió. Cornelia seguía dormida y desnuda, cubierta por la americana de Dan. Recordó lo pasado durante las horas anteriores. Había perdido el norte, ya no sabía que era lo correcto. Observó a la chica, y en detalles de los que nunca se había fijado, como lo sonrosada que eran sus mejillas, lo respingona que era su nariz y lo brillante que era su liso pelo negro. Acarició su frente con un dedo, su mano era el doble de grande que la cara de esta. Cornelia se despertó con el dedo de Dan rozándole el rostro. El lo retiró inmediatamente.
-Dan...-ella se acercó a su oído y Dan se ruborizó con su respiración.-Te has acostado con tu sobrina.-Dan se apartó de ella y le dio un toque en la frente que la tumbó de nuevo, mientras ella reía a carcajada limpia.
-No tiene gracia.-Dijo el con un bufido.-Vistete, no quiero que Fabio te encuentre así.

Cornelia recordó las horas anteriores. Le había dicho claramente que estaría con él. Que no lo abandonaría. Y el se había levantado, aupándola, enredando sus piernas en la cintura de este, y la había empotrado contra la pared. Finalmente habían acabado acostándose en el sofá.
Cuando acabó de reírse del enfado de Dan, se incorporó y se puso su americana.

Dan se aproximó hasta la barra americana y se dejó caer sobre un mano buena, que le aguantaba la frente.

Cornelia se fue hasta el baño, y se preparó para meterse en la bañera caliente. Se relajó dejando que el agua la cubriera. Al poco la puerta se abrió y Dan entró con una botella de cerveza en sus manos. Cornelia se agachó para cubrirse con el agua, aunque fue inútil.
-¿Que haces aquí dentro?-Dan se sentó en la taza del váter.
-Tranquila, ya no tienes nada que esconder de mí.-Cornelia se resignó, pero siguió encogida para que sus piernas tapasen su cuerpo.
-Entonces, que quieres, ya que no puedes esperar a que salga...
-Tus baños suelen durar una hora por lo menos.-Dan se agachó, tomó jabón para el pelo de la bañera y se puso en las manos.-Ven.-le ordenó. Cornelia se acercó a Dan, este le enjabonó la cabeza, suavemente, evitando que se le cayera por la frente.-Yo...Voy a dejarte marchar.


El corazón de Cornelia quedó en un puño. Dan le confesó que esa noche, se escaparían, los dos. Seguramente a Holanda, donde su mafia no tuviese poder. Cornelia imaginó aquel futuro, tan cercano, y quiso que Dan estuviera a su lado.

Aquella noche, Fabio los esperó en el coche, ambos bajaron las escaleras rápidamente, Cornelia sintió las baldosas de aquella escalera a su libertad, Dan le había conseguido un par de zapatos, no eran demasiado bonitos, pero si de su talla. Consiguieron entrar en el coche sin problema, y dan se puso al volante, con un cigarro, a ella le pareció extraño que lo dejasen conducir con un ojo de menos, pero lo hacía bastante bien. Cuando llegaron a la puerta de su casa, Dan paró el coche.
-Hemos llegado, ahora debes subir a por tus cosas, nosotros te esperaremos aquí. No tardes.-Ella obedeció y salió del coche rápidamente, y entró en el ascensor que llevaba a su ático. De pronto este se abrió, y dio paso a su precioso apartamento, las luces estaban apagadas, pero Cornelia notó como se le volcaba el corazón, se dio cuenta de todo. Era libre, estaba en su casa. Miró el teléfono de la sala, una llamada, y tendría a sus secuestradores bajo arresto para siempre, y ella volvería con su padre y su perfecta vida. Sacudió la cabeza para relajarse, debía coger su ropa, como Dan le había mandado, y podría estar con él, y con Fabio, muy lejos de aquí. Se deslizó hasta su habitación y encontró una figura en su cama. Su padre.
Ahí se encontraba, durmiendo en su cama, sin percatarse que su hija se encontraba a dos metros, y con un libro en sus manos. La divina comedia de Dante, que, como solía decir Charles Waldorf, era lo único hermoso que había salido de Italia.
Cornelia sonrió tiernamente, y se agachó junto a su padre, con unas lágrimas en los ojos.
-Papa, ya estoy en casa.-susurró.


Cornelia llevaba una media hora pegada al escritorio, con una hoja de papel entre sus manos.
Observó a su derecha, un cajón lleno de cartas fue lo que se encontró, decidió repasarlas.
Fabio le escribía mucho, desde Holanda, le contaba que Dan había entrado como jardinero en el banco nacional, no era el mejor trabajo del mundo pero se las apañaba, mientras que él había decidido probar suerte con un restaurante italiano, aun era camarero, pero con el tiempo quizás lo ascenderían a chef, al fin y al cabo, él era nativo de ahí. Habían alquilado un apartamento en el centro, era algo ajetreado, pero podían disfrutar de lo que les gustaba, una gran ciudad con mucha gente. Fabio odiaba el frío, era lo peor de aquel lugar, pero a dan parecía gustarle.
Cornelia sonrió para sí, nunca supo si Dan la esperó realmente con el coche cuando ella subió a su ático, nunca osó preguntarlo en sus cartas, al igual que lo que ambos habían sentido aquella última noche que pasaron juntos. Ella también le escribía a Fabio, le gustaba mantenerla informada de como le iba todo. Había entrado en una universidad para estudiar como maestra, había dejado atrás sus conceptos, modas y estereotipos, daba clases de repaso a un niño africano, que deseaba hacerse un hueco en su sociedad, y había conocido a un chico, amable, cariñoso y muy guapo, estudiaba en la facultad de en frente, para abogado, no era mal partido y su padre estaba encantado. Por supuesto nunca le hablo a su padre sobre ellos dos, ni el preguntó, estar a salvo era lo más importante.
Cornelia puso el bolígrafo sobre el papel y comenzó a escribir.

1 comentario: