Los caprichos de mi guardaespaldas (Capítulo 15-24)

Capítulo 15.
-Erik.-Dijo ella sonriendo aliviada y acariciando su cabello.
-¿Ya vuelves a despertarme?-Dijo él con un quejido. Ella rió y dejó que sus lágrimas de alivio se deslizaran por sus mejillas.
-Estaba tan asustada...¿Como tienes la...?-ella se interrumpió, y descendió su mirada hasta la barriga del chico.
-John es un buen cirujano.-Dijo él para calmarla. Ella asintió y cogió el plato con el puré de fruta que le había preparado.
-No se me da muy bien esto de la cocina.- dijo ella.-Pero John dijo que debías comer.
Erik se incorporó en la cama con un quejido y tendió su mano. Emily cogió una cucharada del puré y lo miró. Finalmente le dio el plato con la cuchara. Erik ignoró la decepción de la chica y se llevó a la boca la cuchara.
John entró en la habitación. Emily se levantó rápidamente y Erik dejó el plato sobre la cómoda.
A la chica le bastó la mirada del médico para saber que no la deseaba ahí. Salió de la habitación rapidamente y mirando al suelo.
-¿Desde cuándo sois amigos?-preguntó John obligándolo a tumbarse. Erik cruzó sus brazos tras su cabeza y miró a su amigo mientras le cambiaba el vendaje.
-Desde que fuimos a comer a una hamburguesería.-Dijo él sonriendo. John lo miró con el ceño fruncido.
-No veo donde está la gracia. Creía que eras un profesional.-Dijo el moreno pegando las gasas nuevas con esparadrapo para proteger la herida.
-Y yo que tú creías que me pasaba con ella.-Respondió él con tono severo.
-¡Una cosa es tratarla de forma profesional, cosa que no hacías, y otra muy distinta es que os encuentre de esta forma!-Gritó John enfurecido.
-¡No creerás...!-Erik se alarmó.
-Erik, he llamado al jefe. Estás herido y él se impacienta. Necesita que la chica acabe su trabajo.
-¿Tú le has dicho que me han disparado?-Preguntó el chico rubio. John asintió. Erik se fue a incorporar, pero su amigo lo detuvo.
-Has pasado demasiado tiempo con ella, y tú lo sabes. No es Nina, Erik. Ella no es Nina.-Erik se llevó una mano a la frente.
-¿Porqué siempre tiene que ser por ella?-Preguntó con los ojos cerrados.
-Ya sabes porqué.-Erik miró a su amigo para obligarlo a callar. Él obedeció y se levantó.-El jefe vendrá esta tarde. Lo han invitado a una de las fiestas, la organiza Scheidemann. Traerá con él a otro escolta y tú volverás conmigo a la ciudad.
-¿Me has relevado de mi trabajo?-preguntó incrédulo.
-Han sido órdenes de tu jefe.-Espetó John.
-Gracias a tus consejos.-le recriminó. Miró a Erik y suspiró. Se levantó y se acercó a la puerta.
-Será mejor que descanses.-Dijo finalmente dejándolo solo en la habitación.


-John...-Emily notó claramente que estaba enfadado con ella.-Solo quería que comiera un poco. Como dijiste...
-Sé lo que dije.-Le cortó él sacando una manzana de la despensa.-Mira, Emily. No tengo nada en tu contra. Erik se vendrá conmigo mañana. El señor T considera que ya no es apto para este trabajo, así que será otro el que a partir de ahora te acompañe con tus deberes para con él.
Emily se agarró a los cojines del sofá.
-Que...¿qué sabe el señor T?-preguntó ella asustada.
-Todo lo necesario. Debes comprender que a pesar de que Erik sienta la clase de relaciones que has tenido con él, sigue siendo su jefe, y debe obedecerlo. Creo que Erik y tú habéis ido más allá de la simple relación entre escolta y cliente y el señor T, como sabes, quiere profesionalidad.
-¿Va a venir...aquí?-Preguntó ella a punto de estallar en llanto. John asintió, llevándose la manzana a la boca.
-Tú mejor opción, Emily, es acabar este trabajo cuanto antes. Alejarte del señor T y de sus hombres y dejarte de ir a hamburgueserías y tonterías por el estilo.
-No lo entiendo...-dijo ella entrecortada.-¿Porqué me dices esto? ¿Porqué no querrías que Erik tuviese una amiga? Cuando te vi, pensé que harías cualquier cosa por él...
-Y eso mismo hago.-Respondió levantando el tono de voz.-Tú no le convienes como amiga. Se cosas sobre ti. El señor T me lo ha contado. Cuando tu prometido murió te entregaste a cualquier hombre que te diera algo que beber, ¿No es así? ¿Porqué iba a convenirle alguien como tú?
Emily no pudo aguantar sus lágrimas.
-Ahora no bebo....Erik cree que puedo dejarlo, y yo se que cree en mí.
-Eso mismo le dijo su mujer.-Dijo él interrumpiéndola.
Emily sentía que la cabeza le daba vueltas. El médico tiró el hueso de la manzana a la papelera y se apoyó en la barra americana, mirándola.
-No...no lo entiendo. No me dijo que tuviera mujer...-balbuceó ella.
-No tiene.-él se cruzó de brazos.
-¿Es la mujer que....mató?-Realmente no sabía si quería saber la respuesta a aquella horrible pregunta. John sonrió para sí y asintió.
-Exacto, y supongo que tú no querrás correr la misma suerte. Así que harás lo que te he dicho.
Por un momento Emily sintió como el pequeño castillo que había ido construyendo día tras día en su nube particular se iba demoliendo mientras ella se encontraba en su interior. Lo había edificado alto, realmente alto, lejos de todo. Lejos del pasado de ambos. Pero volvía a caer de nuevo en aquella oscuridad.
La chica se puso una mano en el pecho, de pronto le dolía intensamente. Se levantó, mareada y apoyándose en las paredes, se metió en el baño. La chica que la miraba desde el espejo tenía los ojos desorbitados y la piel roja. Se tiró agua en la cara y se obligó a inspirar y espirar pausadamente.
Lo peor de todo aquello era lo que en realidad había sido obvio todo aquel tiempo y no había querido escuchar. John tenía razón.
Salió por la puerta con la cabeza alta y totalmente calmada. John se había sentado en el sofá y miraba la televisión.
-Lo que te he dicho, Emily...-Dijo él con una lucha interna.
-No, está bien. Tienes razón.-Dijo ella con una sonrisa.-¿Cuándo es la próxima fiesta?
-Esta noche.-Dijo John tendiéndole la invitación. Ella se acercó y cogió el delicado sobre escrito a pluma. Al girarlo y leer el remitente, se dio cuenta de quién era el anfitrión.
-Pero....¿él me ha invitado?-preguntó ella sin comprender. John la miró.
-Claro que no. Como a las otras fiestas, invitan al señor T, pero vas tú como representante. En esta irás como su acompañante.
Emily se sintió confusa. Sería la primera vez que vería a su padre y a su madre desde la muerte de Gerard. No sabía como reaccionarían al verla, y acompañada del señor T.
-Debería comprarme un vestido rojo.-Se dijo ella en un susurro.-al señor T le gusta que lleve un vestido rojo. No tengo ninguno.
-No debes salir. Quizás el que te atacó esté esperando.
-Pero si debo ir a la fiesta de esta noche necesitaré un vestido.-Dijo ella llevándose la uña del dedo pulgar a los labios.
-Esta tarde llegará otro escolta para ti. Hasta entonces deberás esperar.-Emily se acercó a la cocina y cogió una taza de la alacena.
John la observó mientras abría una caja de té y metía unas cucharadas dentro de la taza. Después miraba la caja y metía agua en la taza.
-¿Quieres que te prepare un té?-preguntó John al ver que estaba perdida. Emily se giró asustada y tiró la taza al suelo, partiéndose en múltiples trozos. John se levantó y se colocó frente a ella, que trataba de recoger los trozos de porcelana del suelo.
-Qué torpe.-se dijo ella para sí. John se agachó y la ayudó.
-Lo hago yo.-Dijo él. Ella negó con la cabeza y siguió recogiendo. John le agarró las manos.-Lo hago yo.
Emily se levantó y dejó que el médico recogiera los restos. Después, con calma preparó té y lo sirvió en dos tazas nuevas.
Ella se sentó en la silla alta de la barra americana frente a John. Tomaron el té en silencio hasta que la puerta de la habitación de Erik se abrió.
-¿Qué hacéis?-preguntó el chico apoyado en el marco de la puerta. Emily lo miró durante unos segundos, sintió como la mirada recriminadora de John apuntaba hacia ella y volvió la vista a su taza con nerviosismo.
-Vuelve a la cama.-Le ordenó el médico levantándose. Lo ayudó a volver hasta el interior de su habitación, mientras el rubio se quejaba. Después volvió a la cocina, cogió otra taza y la tetera y volvió a entrar, cerrando la puerta tras de sí.

Capítulo 16.
John llamó al restaurante chino que repartía a domicilio y en menos de media hora el repartidor llegó con el pedido.
Tras las insistencias de Erik, John dejó que comiera en la mesa con ellos dos. Emily los observó con admiración mientras ellos dos comían con gran destreza con los palillos. Ella acabó optando por sacar cubiertos de uno de los cajones.
Erik se había puesto una camisa, aunque la llevaba abierta, dejando ver su torso sin vello y la herida cubierta por una gasa y un esparadrapo de no más de cuatro centímetros cuadrados. No parecía la misma herida de bala por la que, horas antes, había salido tanta sangre
-¿Cómo habéis aprendido a comer así?-Preguntó ella con una sonrisa. John la miró con seriedad. Emily tragó saliva y volvió a mirar su plato, escarmentada. “No cruces la línea, lo sé” se dijo a sí misma, esperando que John recibiera su mensaje telepático a través de su rostro.
-Somos hombres solteros.-Respondió el médico.-Hemos pedido comida china miles de veces.
-¿A qué hora viene el relevo?-interrumpió Erik.-Me muero de ganas por salir de aquí.
Emily recibió el comentario como una bofetada y las lágrimas amenazaban por salir. Las retuvo con fuerza de voluntad.
Erik se llevó el arroz con los palillos a la boca y John sonrió satisfecho. Acabaron de comer en silencio y los chicos se apropiaron del sofá y del televisor. Emily se metió en su cuarto y se encerró.
-Muy, bien. ¿Qué opción escoges?-Preguntó John sacando los dvds de la estantería y leyendo los títulos.-Puedes escoger entre “Campo de sueños”-Miró a Erik, el cual hizo una mueca.-Muy bien...¿qué tal “Casablanca”? No, esa no.-Se respondió a sí mismo sabiendo lo que contestaría su amigo.-”Big Fish”....¡oh! Esta, “Batman Returns” Un clásico.
Metió la película en el dvd y se dejó caer al lado de su amigo en el sofá.


Emily se dejó caer en la cama. Dejó que el sueño se apoderara de ella por una vez. Estaba siendo un día horrible y aún no sabía si la posibilidad de no volver a ver a Erik era algo que la alegraba o la entristecía.
Agitó su cabeza para despejar su mente y de un salto fue hasta la maleta que Erik había traído. Encontró un vestido de calle de color blanco con unas sandalias. Se lavó la cara y se cepilló el cabello azabache. Su aspecto mejoró considerablemente. Se acercó a la ventana y la abrió. Los rayos de sol de la tarde entraron e iluminaron la habitación. Ella asomó la cabeza y cerró los ojos, dejando que la brisa la acariciara. Estaba en un lugar precioso y debía quedarse encerrada a causa de un maníaco que la buscaba para matarla.
-Que cruel es la vida.-Dijo con inocencia. Abrió la puerta y encontró a los chicos totalmente dormidos sobre el sofá mientras los créditos finales aparecían con la banda sonora.
Emily caminó en silencio hasta encontrar el mando a distancia, situado entre ambos. Estos se apoyaban el uno al otro, Erik tenía los brazos cruzados y reposaba su cabeza sobre el pecho del médico, y este a su vez tenía los pies sobre la mesita de café y reposaba inclinado con la boca entreabierta. Emily trató de no reírse y aguantó sus desesperadas ganas por asustarlos.
De pronto alguien tocó a la puerta y la chica saltó con la mano en el corazón. Miró a sus escoltas que seguían totalmente dormidos y decidió abrir. Primero se acercó a la mesita del café, donde uno de los dos había dejado su pistola. Emily no sabía utilizarla, pero imaginó que bastaba con apretar el gatillo. Estaba fría y pesaba demasiado. Tuvo que sostenerla con ambas manos. Finalmente se acercó a la puerta, inspiró hondo y dejando que la pistola cayera unos centímetros alargó la mano derecha y giró el pomo.
-Vaya, una mujer como tú no debería llevar armas.-La sonrisa del señor T era blanca y brillante. Su cabello era negro y largo, como si se hubiera escapado de una época de príncipes montados en caballos. Era mucho más alto que Emily, y el acompañante que ella supuso que sería su nuevo escolta era aún más alto y grande.-Querida, estas vacaciones te han sentado estupendamente. Estás preciosa.-La cortesía y simpatía del señor T la había engañado durante un tiempo, pero el tiempo le había enseñado que el hombre que se escondía en bajo aquella máscara de príncipe azul era una serpiente.
Emily dejó que el hombre grande le arrebatara el arma y entrara primero en el apartamento. Si alguien se imaginaba a un guardaespaldas, acertaría con su descripción. Su espalda era exageradamente grande, su corbata perfectamente colocada, sin pelo en la cabeza pero una perilla negra rodeándole los labios rectos y serios y unas gafas de sol tapándole los ojos.
El señor T no esperó a que su escolta le diera el visto bueno, entró con una sonrisa y las manos en alto, como si fuera un orador, al ver a sus subordinados aplaudió lentamente.
-Me alegra ver que mi dinero está bien invertido.-Dijo él mientras los chicos se levantaban de golpe.
John le dio un codazo a su amigo por el susto y este se encogió con un gemido, llevándose los brazos al estómago.
Emily se llevó una mano a la boca para tapar un grito ahogado. A primera vista, la situación hubiera parecido cómica, pero Emily sabía que el señor T no se tomaba casi nada con humor.
Observó la situación en silencio. Siempre había creído que él tenía una especie de poder sobre las personas, sobre el aire. Cuando entraba en alguna habitación, automáticamente todos eran insectos que él podía libremente observar o pisotear.
-Mi queridísimo Erik...¿qué le han hecho a tu cuerpo?-Dijo él tendiendo un brazo abierto y obligando al chico a acercarse. Este obedeció con expresión de dolor y avanzó lentamente, de forma temerosa.
De pronto el señor T le lanzó una bofetada con el dorso de la mano, Erik giró la cara por el golpe pero quedó inmóvil, en la misma posición. El hombre se tiró las mangas de la mano que había utilizado y suspiró de forma exagerada.
-¿Corre peligro?-preguntó esta vez, dirigiéndose a John.
Él negó con la cabeza y el otro sonrió sin enseñar los dientes, casi como una sonrisa maternal. Rodeó con los brazos la cabeza de Erik, mientras él seguía mirando el suelo, con los pies clavados al suelo. Acarició el cabello rubio del chico lentamente.
-Me tenías preocupado, ¿sabes? Me has hecho venir hasta aquí...-Detuvo su discurso y lo soltó amablemente. Erik siguió sin moverse, con la mandíbula apretada. Como si estuviera en guardia permanente.-Muy bien, Ro. Esta es Emily. Emily, este es tu nuevo escolta, Ro.
Emily miró al tal Ro, quiso saludarlo, pero su rostro no parecía estar buscando un saludo para romper el hielo.
-Palomita.-Dijo el señor T cuando la chica pensó que podía relajarse.-¿Qué te hace falta para que parezcas de nuevo aquella chica que jugaba a tenis en la pista privada de su casa?-Emily se mantuvo en silencio durante unos segundos asegurándose de que realmente esperaba una respuesta.
-Un vestido...zapatos...un peluquero...-El señor T asintió con una sonrisa.
-Bien pues, manos a la obra.


Emily caminó por las calles buscando el final de la zona turística. Ro la seguía a una distancia considerable, sin mirarla. La chica encontró la primera tienda de vestidos cuando llevaba media hora de camino.
-Voy a entrar aquí...-Dijo ella con algo de miedo. El hombre se quedó con los brazos cruzados, mirando hacia la calle. La chica se encogió de hombros y entró.
No era una tienda lujosa, los vestidos eran de clase media y estaban entre ropa normal y corriente. Era la primera vez que ir de compras no la ponía de buen humor. Lo que más deseaba era acabar y volver junto a Erik. La forma en la que lo había tratado, delante de todos...había sido como si fuera algo natural entre ellos, y eso la ponía nerviosa.
Dejó que la dependienta la ayudara especificándole lo que deseaba. Le trajo un vestido palabra de honor, con la cintura apretada. La tela se replegaba en un costado, dejando una abertura en una pierna. Se miró al espejo, ya no estaba tan huesuda como lo había estado al salir del motel. Le quedaba mejor de lo que había pensado. La dependienta estuvo de acuerdo y decidió llevárselo. Lo conjuntó con un bolso de mano y unos zapatos abiertos a juego.
Salió de la tienda, su guardaespaldas esperó a que comenzara a andar y después la siguió. Ella decidió entrar a un salón de belleza. Mientras la peinaban y le hacían la manicura su mente la llevó a pensar en Erik, en el señor T... Estaba asustada. Él había querido ayudarla, pero nunca daba algo a cambio de nada, y para él...todo tenía un precio muy alto. Ir a aquella fiesta con él no era algo que deseara. Se suponía que todos estaban ahí para protegerla, pero aún así se sentía totalmente desprotegida...en peligro.
Cuando la peluquera acabó, era una mujer nueva. Le había hecho un moño sobre la cabeza, despeinado, aprovechando sus tirabuzones. Le habían dejado las uñas como nuevas, después de tanto tiempo sin preocuparse por su aspecto, se alegró de verse de nuevo en el espejo.
Salió algo más contenta de lo que había entrado. Iba a ver a su padre, pero él no vería una mujer desaliñada y borracha, si no a su hija otra vez.
Cuando giró la esquina, volviendo al apartamento iba pensando en la forma de saludar a su padre. La forma en la que los invitados la mirarían. Por eso no se dio cuenta cuando un chico se chocó contra ella. Miró hacia arriba para verle la cara, pero no esperó ver una conocida.
-¡Emily!-exclamó Johan, su antiguo compañero de universidad.

Capítulo 17.
-Johan...-Dijo Emily sin dar crédito a lo que veía. El chico sonrió y le besó en la mejilla.
-Estás preciosa.-añadió. Ella se ruborizó, apartó la vista y se llevó una mano al cabello que tenía detrás de la oreja.-¿Qué haces aquí?
-Yo...tengo un compromiso esta noche.-Dijo ella.-Una fiesta.-El chico abrió la boca con asombro.
-¿La fiesta de tu padre? Qué casualidad. Yo también estoy invitado. Es un royo de mi madre, que está emprendiendo unos negocios en la India, y tu padre quiere financiarla.
Emily no sabía si se alegraba de verlo. Johan siempre se había llevado bien con todo el mundo, no destacaba por ser muy popular entre las chicas, pero tampoco era el patito feo. Pero el verlo ahí, ver otra cara conocida más a la que saludar aquella noche era algo que la abrumaba.
El chico le contó que al acabar sus estudios, se había puesto a trabajar como becario encargado de las finanzas de los negocios familiares. Al parecer las cosas le iban realmente bien.
-Por cierto...he ido algunas veces a tu casa. Mi madre quería que la acompañara, pero hace tiempo que no te veo por ahí...Se han escuchado algunos rumores, algo feos ¿Está todo bien?
-Si.-Contestó ella instintivamente. Miró hacia atrás, donde encontró a Ro parado, mirando hacia otro lado, como si caminara solo.
-¿Nos veremos esta noche, vale?-Se despidieron y Emily volvió a caminar hacia el apartamento.


-A veces se dicen cosas horribles. ¿No crees?-El señor T se sentó en el sofá que había quedado vacío. Erik se había quedado en la misma posición desde que la chica se había marchado, y John permanecía frente al sofá, mirando a su jefe con tensión.- A las personas les gusta hablar mal de otras. He oído cosas de ti, Erik. Sobre esa chica y tú. Y no me han gustado.
Erik miró a John, este negó imperceptiblemente con la cabeza..
-Oh, no. tu amigo no ha sido, tranquilo.-Dijo riendo. Después suspiró exageradamente.-Mi querido Erik, creía que habías aprendido la lección. Ven a sentarte conmigo.-Dio unos golpes con la mano en el  asiento contiguo del sofá.- Quiero el informe del trabajo.
Erik apretó los puños, inspiró y se acercó lentamente. Se sentó con el cuerpo hacia adelante y los músculos tensos.
-Dime Erik. ¿Qué era tu madre?-Erik siguió mirando el suelo, con la mandíbula apretada y sin pestañear. Él señor T esperaba una respuesta con una sonrisa.-¿Qué era tu madre?
-Una borracha...-Dijo él con un susurro. El señor T asintió solemnemente.
-Y el hombre que te llevó al orfanato ¿qué era?-Erik tragó saliva.
-Un...hijo de puta.-El señor T sonrió.
-¿Y tu esposa?-John se puso tenso y dio un paso adelante, pero frenó ante la mirada de su jefe. Erik miró a su amigo y después volvió a mirar al suelo, derrotado.
-Una...zorra infiel, mentirosa y adicta a la heroína.-Erik apretó sus puños.
John sintió como su pulso se aceleraba. Su jefe estaba enfadado. Le estaba dando una lección a su hijo adoptivo.
-Y dime, Erik. ¿Quién te acompañó a reconocer el cuerpo de tu madre? ¿quién te dio un arma y te enseñó a utilizarla para que matases al cabrón que llevaba tu orfanato? ¿quién te ayudo a encontrar al cabrón que le vendía la droga a tu mujer mientras se acostaba con ella?
Erik recordó todos y cada uno de aquellos momentos de su pasado con claridad. El señor T sonreía y le pasaba la mano por el cabello rubio.
-Tú...-respondió finalmente.
-Así es, Erik, por eso merezco respeto. Como padrastro y como jefe. Esa mujer es como Nina. Tendrás debilidad por ella por su enfermedad, creerás que puedes ayudarla a salir, pero el día menos pensado se acostará con el primero que le vuelva a ofrecer droga y como está mal de la cabeza se pegará un tiro por culpabilidad. ¿Acaso quieres volver a encontrarte a la mujer que quieres con un tiro en la cabeza?
-Basta.-Dijo John. Se estaba poniendo nervioso, sabía que estaba hablando de la esposa de Erik. Eso le gustaba a su jefe, jugar con su mente,manipularlo hasta el límite y hacerle creer que no valía nada. Convencerlo de que era un afortunado y que no merecía la vida que le había tocado vivir.
Él había conocido a Nina y sabía que no era una persona demente, tan solo había sido débil de espíritu.
Erik siempre había creído que quererla era suficiente para ella, suficiente cura para superar su drogodependencia. Pero ella quería que su marido estuviera más con ella, que no le dedicara tanto tiempo a su mentor. Al final, lo que quedaba de Nina era un cuerpo consumido por la pena, hasta que Erik la encontró puesta de heroína y en la cama con su camello. Después de eso, Nina pasaba el tiempo en la cama, culpándose de lo ocurrido. Al igual que Erik consigo mismo. Finalmente ella cogió una pistola y se mató. Erik siempre se culpó por su muerte, nunca quiso casarse de nuevo. No podía soportar la idea de estar vivo y ella no, al igual que aquel camello. El señor T le ayudó a dar con él y el resto, era ya historia.
Emily y Ro entraron por la puerta unos segundos después. La chica miró a Erik preocupada, al verlo como derrotado sobre el sofá. El señor T se levantó con una sonrisa.
-Estás estupenda, Emily. Has rejuvenecido.-Erik miró a la chica con culpabilidad y dejó que su mirada cayera al suelo. Ella tembló. Era la primera vez que veía al chico de aquella forma.-Bueno, he reservado un apartamento justo aquí al lado. Creo que lo mejor será que Erik, yo y John nos traslademos ahí. Ro se quedará con ella.
-Jefe.-Intervino John.-Erik no está en condiciones de trasladarse, y creo que teniendo un sofá, sería mejor que Ro quedara con Erik. Así podrían turnarse para hacer guardia. Erik estará listo para viajar conmigo mañana a primera hora y usted podrá trasladarse a este apartamento.
El señor T meditó durante unos segundos y luego asintió con la cabeza, finalmente se retiró para arreglarse, John lo acompañó.
Ro se sentó en el sofá con su seriedad. Erik lo miró, seguía echado hacia delante en el sofá. Ro alzó la mano y le dio unas palmadas en la espalda. Emily estaba confusa.
-A mi mi padre me pegaba unas palizas que me tiraba en cama durante semanas.-Dijo Ro abriendo la boca por primera vez y dejando ver que tenía una voz tan imponente como su aspecto. Erik sonrió, y Ro por primera vez, enseñando uno de sus dientes de oro. Al poco se miraban y reían. Al verlos a simple vista, parecían compañeros de trabajo normales y corrientes.
-Voy a dormir un rato.-Anunció Erik al ver que la chica se sentía menos tensa ante ese ambiente y se comenzaba a aproximar a ellos.
Ro la invitó a sentarse a su lado con un gesto de mano, ella se quedó quieta durante unos segundos hasta que finalmente accedió.
-¿Te doy miedo?-preguntó él con una sonrisa. Ella abrió la boca pero sintió que sus palabras se trababan.-Tranquila, es mi trabajo. Soy de la vieja escuela. No como los de las nuevas generaciones.-La chica sonrió sabiendo que se refería a John y Erik.-Siento no haberte hablado en toda la tarde, pero el jefe quiere profesionalidad, y he ascendido a su guardaespaldas personal, justo por ese motivo.
-¿Eres amigo de Erik?-preguntó ella con timidez.
-Amigo es una palabra que no se debe decir a la ligera. Yo he visto crecer a ese chico, desde que entré a trabajar en la organización, y de eso hace ya casi ocho años. El jefe no es el padre del año precisamente.
-¿Padre? ¿El señor T es el padre de Erik?-Emily se sentía confundida. Ro rió con un fuerte estruendo.
-No, no. El jefe adoptó al chaval cuando tenía diez años. Lo sacó de un orfanato que al parecer el que lo regentaba tenía ciertas...predilecciones.-Emily se llevó las manos a la boca, horrorizada. No quería escuchar nada más. Siempre había querido saber más sobre Erik, pero nunca había pensado que su pasado sería tan horrible.-Bueno, bueno. Eso pasó hace mucho tiempo. El rubio ya se cobró su venganza. Tengo que decir, que hasta que mató al tipo, jamás creía que sería capaz de matar a nadie. Hay gente que vale para estos trabajos y otros que no.
Emily se levantó mareada y se metió en el baño. No quería saber nada más sobre él. Su único trabajo era acompañar al señor T. Mañana Erik se iría y se quedaría con Ro, era mucho más simpático de lo que lo había sido el rubio.
Se duchó tratando de no destrozar su peinado, apurando cada gota de agua, sabiendo lo que vendría después. Salió de la ducha y se metió en su cuarto ataviada con una toalla. Ro no pareció verla pasar, estaba enfrascado en uno de esos programas de telebasura.
Se vistió y se calzó. No había estado tan guapa desde su fiesta de compromiso. Mientras se miraba en el espejo, deseó encontrarse con su familia. Para que vieran que no era la misma que había tirado por la borda toda su vida como ellos habían creído. Pero gran parte de su ser quería que Erik la viera hermosa por una vez, como a la mujer que era.
Salió de su cuarto y se encontró con el señor T, que la esperaba de pie junto al sofá con su guardaespaldas.
Emily no vio a Erik, se imaginó que seguía en su habitación, a juzgar por la puerta cerrada. Suspiró
desilusionada. Lo peor estaba por venir.

Capítulo 18.
Emily tomó del brazo al señor T. Ro volvía a ser el mismo que había conocido, con su semblante impertérrito. Salieron del apartamento, Ro les abrió la puerta trasera del coche y ambos entraron. Emily pegó su cara por la ventanilla y miró hacia el apartamento. Desde una de las ventanas pudo ver a Erik que la miraba con seriedad, casi desprecio. Emily pegó su palma al cristal y le sonrió con tristeza. El chico desvió su mirada lentamente sin cambiar su expresión y se apartó de la ventana. Emily se entristeció, ojala pudiera saber lo que pasaba por la cabeza de aquel chico. ¿La echaba de menos? ¿la odiaba? ¿la compadecía? O quizás simplemente, le era indiferente.
De pronto vio como la ventana del apartamento se alejaba lentamente y quedaba atrás. El señor T le tomó la mano del regazo, esta interrumpió sus pensamientos abruptamente y lo miró. Él le sonrió y le besó el dorso de la mano. Emily no se sentía tranquila, y menos con ese siniestro lado amable que tenía.
-Hoy necesito que estés perfecta. ¿entiendes eso?-Emily asintió, en esos momentos se dio cuenta de que estaba temblando ante las caricias que aquel hombre. La última vez que le falló, se llevó unos grandes y dolorosos recuerdos en su cuerpo.
Ro le abrió la puerta, salió del coche con toda la gracia que pudo. Cogió al alto y apuesto señor T del brazo y entró en el restaurante.
Saludó con cortesía a todas las parejas con las que el señor T hablaba.
En aquel mundo, un hombre como él no pasaba desapercibido, y la mayoría de los caballeros, visitaban los numerosos clubes donde el señor T ofrecía sus servicios. Así que casi todos le conocían.
Ella reconoció a muchos amigos de sus padres, que quedaron boquiabiertos al verla. Había distintos rumores sobre su pequeño descanso de dos meses de los eventos sociales. Los más cercanos sabían la verdad, y fingían que se alegraban al ver que se había recuperado. Otros solo creían que se había marchado de viaje o por estudios. Emily podía ver como la examinaban de arriba a abajo, buscando algo de lo que hablar en cuanto se diera la vuelta.
Mientras el señor T hablaba con una mujer robusta, Emily desvió la mirada y pudo ver a Johan que la saludaba con una amplia sonrisa. Ella también se alegraba de verlo. Miró al señor T, no le estaba prestando atención. Se aprovechó de eso y caminó hasta llegar a la altura del chico.
-Bonita fiesta.-Dijo el chico ofreciéndole una copa con champagne. Emily la miró durante unos segundos. Sabía que si aceptaba no podría parar y Erik odiaba que bebiera...pero el chico no estaba ahí con ella. La había dejado sola con su horrible jefe. Aceptó la copa y se la bebió de un trago ante la mirada incrédula del chico. Emily expiró con un gemido y dejó su copa vacía en una de las bandejas que algún camarero había dejado.-¿Te lo pasas bien?-Insistió.
Emily miró al chico. Sus ojos avellana la miraban esperando una respuesta mientras le profesaba una amplia y blanca sonrisa.
Emily asintió rápidamente y echó un vistazo a la sala, esperando encontrarse de un momento a otro con su padre. Cogió otra copa de la bandeja de uno de los camareros y se la bebió rápidamente. Se estaba poniendo nerviosa.
Johan se dio cuenta de que la chica no le estaba prestando atención.
-Deseas...¿volver con tu acompañante?-preguntó el chico tímidamente. Emily se dio cuenta de que el muchacho estaba incómodo. Le devolvió su atención y negó con la cabeza.
-Perdona, ¿de qué me hablabas?-Le sonrió. Él le devolvió la sonrisa al ver que volvía a tener su atención.
-No te gusta la fiesta, ¿verdad?-Parecía una pregunta sincera.
-Creo que ya no disfruto tanto como solía hacerlo.-El chico asintió. Ella volvió a coger otra copa. Sentía que sin aquella ayuda no podría mantenerse en pie.
-A mi nunca me gustaron.-Susurró él con picardía. Emily rió, hacía tiempo que no se reía de aquella manera.-¿crees que tu acompañante se enfadará si te rapto?-Emily pestañeó. La sola idea de salir de aquel lugar le parecía maravillosa. Miró al señor T, quien no había prestado atención a su ausencia. El chico le tendió la mano, esta la tomó y se escabulleron entre los invitados hasta la puerta trasera situada en la cocina.
Corrieron por la calle riendo, y se metieron en uno de los callejones. Todo estaba en silencio aunque apenas debían ser las diez de la noche.
-Muy bien, ¿dónde quieres ir?.-La chica se llevó un dedo al labio inferior, pensativa.
-Todo parece cerrado.-Contestó. El chico se encogió de hombros.
-Es por la fiesta. Tu padre lo tiene todo bien pensado.
-¿A que te refieres?-preguntó ella sin comprender.
-Ha pagado al alcalde de la ciudad, para obligar a los restaurantes a cerrar más pronto hoy. Así la gente se marcha a casa y no tratan de colarse en la fiesta cuando la ven.
Emily no supo que contestar. No sabía que el hospital aportara tanto dinero.
Caminaron por a calle tranquilamente, Emily inspiró. Era lo más parecido a libertad que había tenido desde que Erik la sacó de aquel hotel. Sin darse cuenta llegaron a la playa. La luna iluminaba las aguas calmadas del mar.
La chica se sentó en la arena, sabía que el vestido se estropearía, pero le daba igual. Quizás ya llevaba todo el moño despeinado. Johan se quitó la chaqueta del traje y se remangó la camisa, finalmente sentó a su lado con un suspiro.
-Que diferencia.-Dijo el chico. Ella asintió con una sonrisa.-¿Puedo preguntar quién era tu acompañante?-Emily se dio cuenta de que lo que realmente preguntaba era la relación que tenía con él.
-Es un viejo amigo de la familia. Me ayudó cuando le necesitaba y ahora...debo devolverle el favor.
No estuvo segura de que Johan lo hubiera entendido, pero asintió.-Tú no traías pareja...-El chico se encogió de hombros.
-La única persona a la que se lo habría pedido ya traía pareja.-La chica se sonrojó ante la sonrisa de Johan. -Pero al final lo he conseguido.
-No estamos en la fiesta.-Le dijo ella. Él le guió un ojo.
-Esto es mejor.-Callaron durante unos minutos. Emily estaba abrumada, ¿cuánto tiempo hacía que nadie le decía ese tipo de cosas? Una parte de ella deseó que hubiera sido otra persona, pero sabía que aquello era una tontería. Necesitaba alejase de aquel escolta rubio y de la influencia que en ella ejercía.-Lo cierto, es que al principio no supe si había sido una buena idea encontrarte en aquella calle. A decir verdad en la escuela no me caías muy bien.
Emily sonrió con tristeza y asintió mirando la arena.
-Creo que no eras el único que pensaba así...-Confesó ella.-Supongo que por eso, cuando estuve en problemas...nadie me ayudó.
-Cuando desapareciste...aquella amiga tuya, Genna, comenzó a decir cosas horribles de tí. Que al morirse tu prometido, tu te habías ido con un tipo y te habías quedado embarazada...pero tu padre lo desmintió, dijo que preferías estudiar lejos y así olvidarlo.
La chica se mantuvo callada ante aquella confesión. No tenía ganas de hablar de ella y aún menos con alguien que seguía en contacto con su antiguo mundo.
Después de aquello, Johan le habló sobre los intentos de su madre en encontrarle esposa. La madre de Johan seguía anclada en el pasado. En aquella sociedad, la opinión de los familiares era muy importante en cuanto a la pareja que se escogía, pero siempre estaban rodeados de gente como ellos, así que era realmente difícil que historias románticas entre diferentes clases existieran. Normalmente no había nada de lo que preocuparse.
Pasaron al menos dos horas hablando en la arena hasta que finalmente vieron que se había hecho tarde. Johan le dejó la chaqueta para que se tapara los hombros y la acompañó amablemente hasta la entrada a los apartamentos. Ella se quedó lejos del suyo, no quería que supiera en cual de ellos vivía, cuanto más lejos estuviera del señor T, mejor para él.
-¿Te importa si te llamo algún día?-Preguntó él antes de marcharse.
-No tengo teléfono...-dijo ella tristemente, realmente tenía ganas de volver a salir con él. Sonrió al tener una idea.-pero te daré el de mi...chófer.-le dio el número de Erik, se lo había aprendido de memoria por seguridad, por si alguna vez lo necesitaba, al fin y al cabo, estaba pagando con creces sus servicios. El chico sonrió y se guardó el número en el teléfono.
-Estaré unos días más por aquí, si tu padre accede a financiar a la mía, tendrán asuntos que resolver. Te llamaré para ir a tomar algo...cuando abran los negocios de nuevo.-La chica rió y asintió. Le entristecía la idea de abandonar la compañía de alguien tan afín a ella en forma de pensar y de comportarse y volver a estar rodeada de aquellos hombres salvajes.
El chico se despidió con un beso en la mejilla y se alejó. Ella caminó contenta hacia la calle de su apartamento. De pronto toda su felicidad desapareció al recordar que había abandonado al señor T en aquella fiesta evitando hacer la parte del trabajo que le tocaba. Se dio cuenta, además de que no llevaba llaves par entrar. Gimió de rabia, y se dejó caer en la pared junto a la puerta de entrada. No se atrevía a tocar al timbre, sabía que debería vérselas con él así que se acomodó como pudo en el suelo para tratar de dormir lo que quedara de noche.

Capítulo 19.
Quizás solo estuvo diez minutos en la calle, o quizás más de una hora. Al no tener nada que hacer la percepción del tiempo era realmente diferente.
-¿Qué haces?-la voz de Erik la sacó de su ensimismamiento. Estaba vestido con su traje de trabajo y en las manos llevaba las llaves de su audi. La chica se levantó con ayuda de la pared.
-No tenía llaves. ¿Qué haces despierto a estas horas? ¿Ibas a buscarme?-el chico se encogió de hombros y entró de nuevo en el apartamento. Emily miró en todas direcciones, pero el señor T no se encontraba ahí. Su habitación estaba cerrada y en el sofá no había nadie.-¿Dónde está el señor T y Ro?
Erik se sentó en el sofá y se encendió un cigarrillo. Emily le vio la cara iluminada en la penumbra de la madrugada.
-El señor T está en el apartamento de al lado, con John. Y Ro....cuando el señor T y él volvieron, este se metió en tu habitación. Supongo que estará ahí durmiendo.-Emily se alarmó. No le agradaba que un desconocido entrara en su habitación, aunque pareciera simpático.-¿De quién es esa chaqueta?-emily se dio cuenta de que aún llevaba la chaqueta que le había dejado Johan.
-De...un amigo.-Respondió ella. ¿Estaba celoso? La chica sonrió con malicia.-¿te importa?
-Yo que tú, dejaba de hacer tonterías y acababa el trabajo. Es un consejo. No se que has estado haciendo esta noche, pero más vale que sepas que le vas a contar mañana al jefe.-El chico apagó su cigarro y se tumbó en el sofá.-Ves a mi cama y duerme un poco.-La china no supo si era amabilidad o desprecio. Pero ya no se extrañaba por eso.
-Oye...¿el señor T estaba enfadado?-Sentía que aunque se metiera en la cama no sería capaz de dormir. Así que se acercó al chico y se sentó en el suelo frente al sofá. Él abrió los ojos y la miró. En realidad ya sabía la respuesta a su pregunta, y eso le daba miedo.-Mañana...si sigue enfadado conmigo...se lo que me hará.-Sintió como sus dedos temblaban, los cruzó y se los acercó al pecho.
-Necesita que estés presentable para que no llames la atención.-Dijo él en un susurro. Quizás quería tranquilizarla. Ella sonrió tristemente.
-Lo se...por eso, nunca me golpea en la cara. Le gusta que esté bonita.-El chico quedó en silencio.
-¿A ti también te da miedo, verdad? Lo vi en tu cara ayer.-El chico desvió su mirada. Sabía que había acertado. Ella sonrió con tristeza.- Creía que tu no tenías miedo de nada. Creo que eres la persona más valiente que conozco.
-Tú no me conoces.-Dijo el interrumpiéndola.-Yo no soy valiente.-se incorporó en el sofá y se quedó sentado. Ella se sentó a su lado, el chico parecía estar en guardia.
-Somos amigos, ¿recuerdas? Te conozco. Le has escondido cosas de mi...cosas que le harían enfadar, para protegerme.-él negó con la cabeza.
-Lo hice por mí. No por ti.
-Cuando te conocí pensé que eras uno de esos mercenarios que solo me protegerían el tiempo necesario para cobrar su parte. Pero, detestas que beba, llamaste a John para que me curara, esta noche has estado a punto de salir a buscarme...todo eso, el señor T no te ordenó nada de eso. Tú no haces todo lo que él te ordena.
-Si lo hago, se lo debo. Como tú. Ambos tenemos deudas que saldar.
-¿Cuál es la tuya?-preguntó Emily.
-¿Qué?-el chico no la entendía.
-Cuéntamelo, ¿Cuál es la tuya? ¿es el que te adoptara y te diera un trabajo? Si fuera un buen padre te habría alejado de esto...
-No lo entenderías.-La chica apretó los puños, odiaba aquel horrible muro que Erik tenía en su interior. A cada paso que daba para acercarse a él, el muro le hacía retroceder dos. Se levantó y se dejó caer de rodillas al suelo entre las piernas del chico, colocó sus manos en las mejillas del rubio. Este se resistió y ella lo obligó a mirarla.
-Si lo entendería, somos amigos.-Dijo ella de forma firme.-Somos...amigos y mañana te vas, y no volveré a verte y me duele el corazón al prensarlo y me odio porque siento que realmente no te conozco, así que no comprendo porqué me duele. Necesito saberlo, entenderte. Todos te conocen menos yo, y yo he pasado semanas contigo.-Se obligó a sí misma a contener sus lágrimas. Los ojos azules del chico eran sombríos, tristes. Emily sabía que siempre había sido así, pero le apenaba. Él siguió en silencio compendió que no pensaba abrir la boca.-Te lo contaré yo primero.-dijo ella decidida.-Sé que antes de que John viniera, querías que fuéramos amigos. Por eso me preguntaste cómo conocí al señor T, ¿verdad?. Te lo contaré todo, así quizás sientas lo que siento yo, si me conoces, si conoces mi pasado quizás te sientas mañana un poco triste cuando nos separemos. Si eso ocurre, sabrás que realmente hemos sido amigos.-Erik frunció el ceño, pero lo relajó al poco. Era como si fuera otra chica diferente. Esta fue a abrir la boca, pero él se la tapó con su mano derecha, y con la izquierda se llevó el dedo índice a los labios. Le señaló con la cabeza la habitación en la que Ro dormía y se levantó.
Erik abrió la puerta de su habitación y le señaló el interior con su mano, esta aceptó la invitación y entró. Ambos se sentaron sobre la cama, uno frente al otro. Emily se quitó los zapatos y los lanzó lejos, después comenzó a quitarse las horquillas que le sujetaban lo que quedaba del recogido.
-Te conté cómo le conocí.-Erik asintió quitándose la americana. Se colocó con la espalda apoyada en el cabezal y apoyó su brazo sobre una rodilla que había levantado.-Cuando me prometí con Gerard, pasé un tiempo sin verle. Estábamos demasiado ocupados pintando y decorando la casa donde íbamos a vivir cuando nos casásemos. Un día, cuando Gerard y yo salimos del teatro, un hombre de aspecto amable nos preguntó si habíamos visto al perro de su hijo. Yo le dije que no y quise seguir con mi camino, pero Gerard no pudo dejarlo estar, y se ofreció a ayudar a encontrarlo. Él era así, ¿sabes? Me pidió un taxi y me aseguró que volvería enseguida. Yo estuve sentada en aquel taxi menos de un minuto.  Sentía que algo no iba bien. Dicen que cuando dos personas son almas gemelas, uno puede sentir lo mismo que el otro. Pero aún así, aunque lo sentí, no estuve a tiempo. Caminé dos calles y escuché el sonido de un disparo. Corrí en aquella dirección, encontré a Gerard muerto en el suelo y al hombre perdiéndose entre una de las calles. Estuve un tiempo en el hospital, la policía acudía a mí y me interrogaba. No tardé en darme cuenta de que no lo encontrarían. Después de aquello no podía ir a mi casa, sentía que era la casa de Gerard, la casa en la que íbamos a empezar algo juntos. Sin darme cuenta me enganché al alcohol, así me dormía rápido y no pensaba en ello. Mi padre me llamó, amenazándome con el dinero. Pero aunque me lo gasté todo, seguí encontrando maneras...Después me llamó el señor T, y me dijo que vendrías a por mi...aquella madrugada apareciste y me llevaste con él. Pensé que quería ayudarme para encontrar al asesino de Gerard y que lo detuvieran. Sabe que es alguien que tiene dinero y poder y cree que seguirá asistiendo a las fiestas porque es un psicópata y no siente remordimientos de lo que hizo. Él quiere utilizarlo a su favor, Erik. Quiere que yo lo reconozca, que señale quien es para él y chantajearle para que financie vuestra empresa...no quiere vengar a Gerard.
-Entonces...quién quiere matarte...
-Quieren impedirme que lo encuentre. El señor T dice que antes aquel hombre pertenecía a una asociación parecida a la vuestra y los que me persiguen quieren evitar que dé con él, si lo encuentro, peligrara la clandestinidad de su empresa. Estará en manos del señor T.
Erik miró el suelo de la habitación intentando asimilar la información que ella le estaba dando. Si ella tenía razón, el final que le esperaba estaba claro. ¿debía decírselo? Sintió que su corazón daba un vuelco. El jefe no la dejaría con vida cuando tuviera lo que necesitaba de ella. Así era como él actuaba. En realidad, debería haber sabido desde el principio lo que le iba a ocurrir.
-Oye...ahora, te toca a ti.-él miró a la chica, había cambiado su tristeza por una sonrisa, realmente no sospechaba nada, creía que saldría impune de esta.
Erik no tenía ganas de hablar. Era lo que menos le apetecía en aquel momento. La chica apoyó sus manos sobre la cama y frunció el ceño.
-Yo te he contado mi historia. La verdad es que nunca se lo había contado a nadie, estoy aliviada. Nada como contárselo a un amigo. Venga, prueba tú. -el chico suspiró y accedió, quizás no era buena idea que notara su preocupación.
-Bueno...¿qué quieres que te cuente?-la chica se llevó un dedo al labio inferior, pensativa.
-John me dijo una vez, que tu madre había sido como yo...-Erik supo enseguida a que se refería.
-Ella, bebía mucho, más que tú. Un invierno, salí del colegio y fui a casa, ella no estaba. En el colegio nos habían dicho que aquella noche iba a ser muy fría, que iba a nevar mucho y que era mejor que no saliéramos. Yo me preocupé, ella solía tardar siempre en venir, yo solía alimentarme a base de cereales y leche. Quizás ella no hubiera escuchado las noticias y no quería que le pasara nada cuando volviera a casa. Salí en su búsqueda y la encontré sentada en un parque, borracha. Le pedí que volviéramos a casa, que hacía frío, pero ella apenas se mantenía en pie. No se cuanto estuve ahí, con la nieve que nos cubría. De pronto sentí sueño, lo siguiente que recuerdo fue despertarme en un hospital. ¿Qué clase de madre se emborrachaba y dejaba que su hijo muriera congelado? Ella falleció, llevaba mucho más tiempo que yo en la calle y cuando me encontraron metido en su chaqueta, era demasiado tarde para ella. Yo solo tenía seis años y después de eso, me mandaron a un orfanato.
Emily miró con tristeza al chico rubio.

Capítulo 20.
Emily miró a Erik durante un largo rato, en silencio. Sentía impotencia. Creía que Erik era una persona fuerte, valiente y leal. Pero, en el fondo, era un ser atormentado, como ella, anclada en el pasado. Haciendo lo necesario para sobrevivir.
El chico no la miraba, quizás se sentía culpable por lo que sentía. Ella estaba avergonzada, le había dicho que eran amigos, pero cada vez que se le daba la oportunidad, ella le recordaba su pasado con su adicción.
-¿Qué pasó con tu mujer? Quiero oír eso que me contaste el primer día. Cuéntame la historia entera.-Erik la miró sorprendido y volvió a desviar la mirada, con pesar. Pero ella ya no podía volver atrás. Si escuchaba de nuevo aquellas palabras, podría odiarlo cuando la abandonase.
-Nina...-Dijo él recordando con un susurro.-Yo me casé con ella. La conocí en un trabajo, como a ti...ella era adicta a la meta, pero lo dejó por mí. Quise dejar al señor T para irme con ella. Pero él creía que era el único que podía entenderme, curarme, solía llamarlo él. Por eso murió ella, por mi culpa. Porque le escogí a él y eso la mató por dentro. Volvió a las drogas y un día la encontré con su camello...si no me hubiera enfadado, si no la hubiera abandonado tras aquello...ella necesitaba que la protegiera, pero no lo hice. La desprecié por lo que había hecho y ella no pudo soportarlo. Lo único que hice, fue encargarme de aquel cabrón. El jefe lo encontró y me lo ofreció, como regalo de cumpleaños, dijo.
La chica lo interrumpió, rodeándolo con los brazos y lloró desconsoladamente. Había estado equivocada con él, desde el principio. Ahora lo entendía todo. Él se quedó tenso durante unos segundos, después, sin devolverle el abrazo le puso una mano en la cabeza para apartarla lentamente. La chica lo miró y se enjugó las lágrimas.
-Lo siento. Te tenía tanta rabia, no sabia...
-¿Es que no lo entiendes? La maté, Emily..-Dijo el chico tumbándose de costado en la cama.-Ya te he dicho lo que querías saber. Será mejor que vayas a dormir.
Emily sintió que estaba enfadado con ella, en cierto modo lo entendía. Pensó que lo mejor era darle espacio. Se acercó a la puerta y miró el cuerpo inmóvil del chico. Sintió que aquella sería la última vez que le vería.


Erik no conseguía dormirse. Cada vez que cerraba los ojos veía las caras de su madre y Nina. Apretó los puños, suspiró y se incorporó. Se pasó la mano por el torso desnudo siguiendo las líneas de su tatuaje. Algunas personas, se tatuaban fechas, o símbolos que tenían significados personales. El motivo que llevó al rubio a tatuarse fue el simple hecho de que le vio uno parecido a su jefe. En aquellos tiempos lo idolatraba, le había dado todo lo que un chico de dieciséis años podía soñar. Se tatuó aquella ala por pura admiración, quería llegar a ser como él algún día. Ahora tenía miedo de que así fuera.
Se levantó y se estiró alzando los brazos. Casi amanecía, pudo oír algunos pájaros a través de la ventana. Abrió la puerta de su habitación para ver a la chica dormida sobre el sofá. El apartamento estaba en silencio, habían cambiado muchas cosas en poco tiempo. Emily había cambiado, había accedido a dormir en el sofá sin rechistar solo por él. Sin darse cuenta, estaba sonriendo.
Se acercó a la chica en silencio y se colocó en cuclillas a su lado. La observó dormir durante unos instantes. Realmente era hermosa, ¿porqué nunca se había fijado?. Su egoísmo y locura era una gran capa que la alejaba de ser atractiva, además de su problema...le retiró unos mechones oscuros de la mejilla.
-Debes estar pasándolo mal aquí.-Dijo en un susurro. Cogió a la chica en volandas suavemente, para evitar que se despertara y la llevó a su habitación. La colocó con cuidado sobre su cama y la arropó. -Aquí dormirás mejor.-concluyó él. Pareció que la chica respiraba de pronto más plácidamente, eso le hizo sentir satisfecho.-No he sido muy buen escolta, ¿verdad? Yo también te odiaba cuando te conocí. Pero creo que te echaré de menos.-dijo finalmente dándole un beso en la mejilla y cerrándole la puerta.


Emily despertó cuando los rayos del sol acariciaron su rostro. Miró a su alrededor, ¿dónde estaba? Era la cama de Erik, olía a él, pero estaba sola. Esperó sentada en la cama durante algunos minutos, tratando de recordar. Seguía con el vestido rojo, tal y como se había ido a dormir al sofá. ¿Erik la había traído? Parecía lo más probable. Se ruborizó pensándolo.
Salió de la habitación esperando encontrarse con el chico, pero encontró a Ro y al señor T, que le sonreía con sarcasmo. De pronto sintió que el corazón le daba un vuelco.
-Buenos días, querida. ¿Has dormido bien?-Emily se quedó paralizada y asintió lentamente.-Que bien, porque yo no he podido pegar ojo. ¿Sabes porqué?-La chica no supo qué contestar. Sabía que era una trampa.-Ven.-ordenó con los brazos abiertos.
Emily se lo pensó durante unos segundos, finalmente se acercó, el señor T la rodeó con sus brazos y le acarició el cabello.
-¿De quién es esa chaqueta?-preguntó él sin apartarla, refiriéndose a la chaqueta de Johan. Emily notó que su respiración se cortaba. -Creía que teníamos un trato. Yo te protegía y te devolvía a la vida que merecías si me ayudabas a encontrarlo. ¿Crees que esto han sido unas vacaciones para que te pongas a ligar? Esto son negocios, nena.-El señor T la cogió de la nuca y se colocó a pocos centímetros de su rostro.-No vuelvas a hacer que me enfade. Nunca, ¿me oyes? Nunca más te vayas sin mi permiso. Se acabó el jugar.
Dicho eso, la soltó y se fue hasta la cocina para prepararse un café. Después se sentó en el taburete de la barra americana y con tranquilidad se lo tomó junto a Ro, leyendo el periódico y comentando las noticias con su guardaespaldas.
Emily se quedó sentada en el sofá, inmóvil. Su corazón comenzaba poco a poco a latir de forma normal ¿Porqué no le había pegado? Quizás porque Ro estaba presente...Echó un vistazo rápido al apartamento, realmente Erik se había marchado. Sonrió irónicamente, se sentía estúpida. ¿Qué esperaba? ¿Qué un hombre cono él, adicto a su trabajo se quedara con ella? ¿peleara por seguir protegiéndola, ignorando los consejos de su mejor amigo y lo que su padre y jefe le había ordenado? ¿Solo por una mujer que no aguantaba? Emily rió con sorna y negó con la cabeza lentamente, compadeciéndose de sí misma. Dirigió su vista hasta el señor T, seguía bebiendose su café y leyéndole a Ro una noticia sobre unos carteristas de los que hablaba el periódico.
-Increíble, ¿no crees?-Protestó él dándole un golpe al papel.-Este país se está yendo a pique.
-Y que lo diga.-Respondió Ro con seriedad.
-Los chavales de hoy en día son todos unos vagos y unos ladrones.-Ro asintió. Emily los miró atónita.-En mi época te daban unos golpes y aprendías cual era tu sitio.-La chica supo que aquello tenía doble sentido.
Miró la chaqueta de Johan, que reposaba en el asiento contiguo. De pronto sintió un escalofrío. Pudo ver la etiqueta con las iniciales del chico, le habían hecho el traje a mano. Emily sintió que el corazón le daba un vuelco y volvió a mirar al señor T. ¿Porqué no le había pegado? ¿Por Ro?...¿había visto la etiqueta de la chaqueta? Si era cierto lo que sospechaba...Johan estaba en peligro.
Necesitaba un teléfono, y el señor T no se lo iba a dar.
-Yo...-Emily se levantó para hablar con el señor T.-Necesito llamar.-Él dejó de hablar con su guardaespaldas y miró incrédulo a la chica.
-¿Cómo?-Emily tragó saliva, evitó su mirada y suspiró para tranquilizarse.
-Yo...estuve con alguien ayer. Un viejo amigo, le prometí que le llamaría y que saldría con él para tomar un café. Sabe que he estado ausente durante dos meses...Si no salgo con él, como si realmente hubiera vuelto a mi vida de siempre...sospecharán.-Trató de creerse cada palabra que decía y suplicó para que él cayera también en su trampa.
El señor T miró a su guardaespaldas, este se encogió de hombros. Finalmente miró de nuevo a la chica y suspiró.
-Tómatelo como un favor personal. Me lo cobraré, creeme.-Dijo finalmente. La chica tuvo que reprimir un salto de alegría.
Esa misma tarde, el señor T llamó a su hijastro. Al parecer ya tenía algunas llamadas perdidas de un número desconocido. Emily no pudo escuchar la voz de Erik, ni su jefe comentó nada de él. Ro marcó el número de teléfono que su compañero le facilitó y se lo pasó a la chica.
-Pon el manos libres.-Le dijo el señor T desde el taburete donde continuaba sentado. Emily puso el manos libres y colocó el teléfono en la mesa de café mientras sonaba el tercer tono del teléfono.
-¿Hallo?-Preguntó la voz de Johan en alemán. El señor T la miró para advertirle que respondiera en su idioma.
-Hola.-Respondió la chica con nerviosismo.-Soy Emily.
-¡vaya, hola!-dijo el sonriendo de pronto.-Te llamé, pero nadie me lo cogió.
-Si, lo se.-Emily tartamudeó.-Es...es que me han cambiado de guardaespaldas. Se ha pedido la baja, ya sabes...-El chico respondió con una risita.
-Pues te llamaba para que me devolvieras la chaqueta. Si quieres quedamos esta tarde para tomar un café.-La chica miró al señor T y este asintió para darle su aprobación.
-Claro, esta tarde.-dijo al fin.
Capítulo 21.
Emily paseó junto a Johan, escuchándolo hablar sobre sus aficiones mientras iba lanzando miradas de soslayo a Ro, que caminaba algo alejado de ellos.
-El sábado hay una fiesta benéfica.-Dijo Johan con una sonrisa, realmente le hacía ilusión, pero para ella era volver junto a un hombre horrible. Cada fiesta a la que asistía y no le señalaba al asesino de su prometido, era una gota que se acumulaba en el vaso de la paciencia del señor T, y él era la persona con el vaso más pequeño que había conocido.-Tu padre no asistirá, tranquila.
Emily miró a Johan, trató de fingir cara de sorpresa y tristeza, pero no logró engañar al chico, que negó con la cabeza y le sonrió.
-Sé que no quieres verlo, tranquila. No diré nada. Las habladurías pueden ser horribles, lo sé por experiencia.-Emily miró al suelo, con tristeza.-Yo tampoco me llevo tan bien con mi madre como parece. Está obsesionada con el que dirán, apariencias y eso...no le pareció nada bien que me marchara contigo de la fiesta anoche.
Se sentaron en una mesa, en la misma heladería en la que había estado junto a Erik. Una leve opresión en el pecho la invadió, era la misma que había tenido meses atrás al ver las cosas de su prometido tras su muerte. Añoranza.
Trató de despejar esos recuerdos de su mente y sonrió a su nuevo acompañante mientras le hablaba.
Emily echó un vistazo buscando a Ró, y lo encontró, estaba sentado en un banco del centro, simulando que leía el periódico.
-¿Tengo que volver a secuestrarte?- Emily observó la sonrisa torcida de Johan.-Creo que tu guardaespaldas te pone nerviosa.
Ella rió nerviosa y se llevó una cucharada de helado a la boca. Si se volvía a escapar, recibiría una buena tunda, y hasta podría poner a Johan en peligro.
Lo que ocurrió a continuación, pasó tan deprisa que no pudo entenderlo hasta instantes después. Johan se encontraba hablando, con una sonrisa en los labios, de pronto su vaso de cristal soltó por los aires en sus manos.
En un instante, Ro se había abalanzado sobre ella y la mantenía agachada detrás de la mesa volcadaInmediatamente, Johan los imitó.
Ro los obligó a que echaran a correr, ella obedeció antes de que su mente reaccionara, aprovechó el pánico de la calle y se camufló con el resto de la gente. Corrió sin rumbo, mientras Ro sacaba su pistola, parapeteado detrás de una de las mesas que había tumbado. Sin darse cuenta se había separado de Johan.
Emily corrió, mientras sus piernas flaqueaban y su cuerpo entero temblaba. Escuchó tras de sí los tiros de su guardaespaldas y los gritos de las personas que corrían despavoridas. Tropezó y calló al suelo, se hizo daño en las rodillas, pero apenas lo sintió. Sus piernas no tenían fuerzas, se levantaron por la propia adrenalina que corría por todo su cuerpo. No sabía donde estaba ni hacia donde iba. De pronto escuchó los sonidos de las sirenas de policía. Si la encontraban ahí la obligarían a declarar. Trató de correr más deprisa, comenzó a resollar y sin darse cuenta chocó con el pecho de un hombre que la cogió y la arrastró hasta el callejón que cruzaba. Emily forcejeó y el hombre la empotró de espaldas contra la pared y le colocó la mano en la boca, impidiéndole gritar para pedir ayuda.
-Emily soy yo.-Susurró la voz de Erik.-Emily siguió forcejeando, gimiendo y llorando. Erik tiró de ella con fuerza y la abrazó para calmarla.-Estoy aquí, ya está. Soy yo....ya pasó.-dejó de luchar y se limitó a llorar. Erik siguió apretándola contra su pecho con fuerza, mientras escuchaba los coches de policía que pasaban de largo. Erik cogió con ambas manos la cara de Emily y le obligó a mirarlo.
-¿Estás bien?-Preguntó casi con un grito. Ella trató de controlar su respiración.-¿estás bien?-repitió perdiendo la paciencia. Ella asintió y él volvió a estrecharla entre sus brazos. Dejó que pasaran unos minutos, tras lo que el chico la cogió del brazo y la arrastró hasta su coche, aparcado algunas manzanas atrás.
La metió en el asiento del copiloto sin muchos miramientos y arrancó el BMW. Ambos permanecieron en silencio mientras se alejaban de aquellas calles. Emily permaneció encogida en su asiento, mientras Erik apretaba con el pulgar en encendedor del coche y se llevaba un cigarrillo a los labios.
Llegaron hasta un hotel colocado en el centro urbano, alejado de la zona turística. Emily lo conocía, su padre lo utilizaba para contactar con hombres de negocios y estos a su vez, quedaban con sus prostitutas de lujo.
Erik pidió una habitación mientras Emily luchaba por mantenerse en pie. El chico la agarró del brazo de nuevo y la empujó por el lujoso pasillo hasta la habitación que les tocaba.
Abrió la puerta con la tarjeta de crédito y sacó su pistola. Inspeccionó rápidamente la habitación en busca de cualquier peligro, pero estaba despejada.
Tiró de Emily para meterla en la habitación y la empujó, ella se sentó en la cama.
Erik contestó al teléfono que había comenzado a sonar.
-¡Johan!-Gritó ella al darse cuenta.-Lo hemos dejado ahí, debemos volver.-Erik colgó y se cruzó de brazos.
-Tu novio está en la comisaría.-Dijo él con tono seco.
-Pero...
-Oye.-Interrumpió él enfadado.-Mi trabajo es ocuparme de ti. Tu chico es capaz de cuidarse él solo.-Se fue hasta el lavabo y humedeció una toalla. Volvió a la habitación y se colocó en cuclillas frente a ella. Le cogió una de las piernas, esta se resistió con un sonido ahogado.-Estate quieta.-Le ordenó él. Comenzó a lavarle la rodilla ensangrentada, con cuidado.
-¿Estás...enfadado?-preguntó ella con cautela. Él evitó su mirada y se concentró en su rodilla.
-No.-Dijo cortante.
-Si...si no te hubieras marchado, si no me hubieras abandonado....-el agachó la cabeza, casi cubriéndose entre las piernas de la chica.
-Si querías salir con alguien...deberías habérmelo pedido a mí.-Dijo él con un susurro. La chica se ruborizó y su estómago se encogió.
-¿Qué....? -Preguntó tragando saliva, el corazón le latía a toda prisa.-¿A qué te refieres?
-Vamos, ve a lavarte.-Dijo él volviendo a su tono de indiferencia. Emily miró sus rodillas, Erik había limpiado sus heridas, pero seguía sucia y desaliñada.
Se levantó y miró al chico, que se encendía un cigarrillo en el balcón, dándole la espalda. Se acercó sin saber porqué hasta él, apoyando su frente en su espalda y cogiendo suavemente su americana con una mano.
-Si no te hubieras marchado....-Dijo ella aguantando sus lágrimas.
-Pero lo hice.-Dijo él sin moverse. Ella apartó la cabeza y se alejó hacia atrás.
-Si. Es cierto.-Comprendió ella. Finalmente se metió en el lavabo para ducharse.
Bajaron a cenar en silencio. Emily quería hablar con él, volver a encontrar su blanca sonrisa, pero cada vez que intentaba abrir la boca, su mente le recordaba que la había abandonado.
Tuvieron una cena tranquila y silenciosa, sabía que Erik estaba enfadado con ella, y eso la ponía aun más furiosa porque no entendía porqué. ¿Acaso  no era él que se había ido? ¿ El que la había abandonado y dejado sola frente al señor T? Entonces no entendía porqué tenía que sentirse como si hubiera hecho algo malo. Era ridículo.
Cuando volvieron a la habitación, su pequeña tregua se esfumó al comprender que solo había una cama. El chico se metió en el cuarto de baño, ella aprovechó para desnudarse a toda prisa y meterse bajo las sábanas. A los pocos minutos el chico salió, ella se tumbó de costado, dándole la espalda. Él se metió bajo las sábanas, a su lado.
-¿Qué haces?-preguntó ella enderezándose y cubriéndose con la sábana.
-La cama no es tuya.-Contestó él apagando la luz y colocando las manos bajo su cabeza.
-Yo soy la clienta.-Le recriminó. El rió con sarcasmo.
-Duérmete.-le ordenó. Emily no obedeció y siguió mirándolo en la oscuridad.
-Erik...¿estás enfadado conmigo? ¿Por Johan?-No estaba segura de lo que estaba preguntando exactamente.
-¿Por un crío hijo de papá?-Preguntó él con sorna.-Puedes tirártelo las veces que quieras.
Emily le dio una bofetada en la oscuridad. Tras eso hubo un largo silencio, la chica apretó el puño, aguantándose las ganas de propinarle otra. De pronto él se enderezó en la penumbra y se abalanzó sobre ella. La inmovilizó contra la cama, ella pataleó deshaciendo las sábanas. Forcejearon en silencio, ella se calló los gritos y luchó. Consiguió dar la vuelta y gatear en la cama, pero él la empotró contra el colchón, inmovilizándole las muñecas en la espalda. Utilizó su mano libre para cogerle el mentón con fuerza y tiró de él hacia atrás, hacercandole la boca a su oído.
-¿Cuando estabas con él, en quién pensabas?-Preguntó él suavemente. Su aliento le acariciaba el oído y la hacía estremecer. El chico pasó su nariz rozándole el pelo y con su boca a escasos centímetros de su cuello. Ella se ruborizó, sintió como su corazón se aceleraba a un ritmo alarmante.
-Basta...-Pidió ella con la respiración entrecortada.
-¿Seguro?-Con un movimiento brusco, la giró y se colocó encima. Emily sintió la piel caliente del chico contra su cuerpo. Él rozó sus labios contra su oreja y su cuello y rió ante el gemido que dejó escapar ella. Con una sonrisa triunfante, se apartó de ella.-Como he dicho, no estoy celoso de un niño como ese.
Emily quedó tumbada, indefensa, mientras el chico se colocaba boca arriba en su lado de la cama y se dormía rápidamente.
Capítulo 22.

Emily despertó con un grito ahogado. Había tenido una pesadilla. Miró a su alrededor, aun temblando. Erik estaba tumbado de costado a su lado, a escasos centímetros. Respiraba acompasadamente. La chica se dio cuenta de que la estaba abrazando. Se ruborizó, pero no quiso despertarlo. Suspiró para calmarse y apoyó su cabeza en el brazo del chico.
-¿Qué haces?-Preguntó Erik con los ojos cerrados y la voz ronca-Te mueves tanto que me has despertado.- Emily se maldijo por haber acabado con aquel agradable abrazo.
-Lo siento, tenía una pesadilla.-Respondió con un susurro. El chico suspiró y la atrajo hacia sí, acariciándole el cabello.
-Duermete un rato más.-Pidió él, apoyando su barbilla por encima de la cabeza. Emily asintió. ¿Cómo iba a poder dormirse con aquel cuerpo a escasos centímetros de su rostro? Trató de calmarse escuchando las acompasadas palpitaciones de su pecho. Sin poder evitarlo cayó rendida de nuevo.
Volvió a despertarse algunas horas después. El chico se había colocado boca arriba y ella reposaba en su pecho descubierto, bajo uno de sus musculosos brazos. Por un momento imaginó poder despertarse de aquella forma cada mañana, no le importó. Con la cara reposara, contemplo de reojo la herida de su costado, ya no la llevaba cubierta. Emily pudo ver los puntos que le había cosido John, se veían bastante horribles. Tuvo el impulso de acariciar su torso, deslizó el índice suavemente por su ombligo, adivinando bajo este algo de vello rubio. Se mordió el labio cuando sintió que sus mejillas se ruborizaban. Escuchó de pronto un ronroneo, casi un quejido, de la boca de Erik. Se mantuvo inmóvil, no quería despertarlo. Quería seguir ahí, en silencio. Olvidando quien era y imaginando que siempre podría ser así.
Erik trató de abrir los ojos, hacía mucho que no se sentía tan cansado. John solía preocuparse por él y de tanto en cuando le recetaba pastillas para ayudarle, aunque pocas veces las tomaba. Sus ojos seguían cerrados, se negaban a hacerle caso. Un aroma a dulce lo invadió. Notó a alguien apoyado en su pecho, trató de levantar una mano para acariciarle el pelo, pero las fuerzas le fallaron. En esos momentos no supo si estaba soñando.
-Nina...¿Te he despertado?-Emily se apartó de pronto y se levantó. El chico se desperezó y la miró con los ojos entrecerrados. No era Nina, a su cerebro le gustaba jugar con él. Nina nunca había olido a dulce, a él no le gustaba el dulce. Ella siempre olía a océano. Se incorporó sin recordar bien donde estaba y se llevó la mano a los ojos, después se rascó la cabeza. La mujer que había dormido a su lado se vestía apresuradamente. Contempló su cabello negro moviéndose delante y detrás de sus hombros mientras se ponía un vestido rojo. Nina no era morena...tenía el cabello corto y castaño claro. Erik pestañeó, sus ojos y su cabeza volvían al mundo real. Nina no estaba y Emily lo miraba con sus ojos azules fruncidos. El chico suspiró, estaba enfadada. Ella entró en el baño con un portazo. Él se dejó caer en la cama, le esperaba un gran día.
Se vistió y se acercó al baño. Tenía pocas ganas de discutir. Lo extraño era que en algún momento, había echado de menos a aquella niña consentida.
Cogió el teléfono y marcó el número de su jefe para informarle que tenía a Emily. Como imaginaba, le dijo que se acercaría para recogerla. Llamó a la puerta del lavabo recordando que la chica se había metido ahí dentro.
-Vamos a desayunar. Necesitas comer algo.-Emily lo miró algo recelosa. Pero decidió obedecer. Realmente estaba hambrienta.
Descendieron por el ascensor en silencio. Se sentía extraña, estaba enfadada y contenta a la vez. Erik siempre la hacía sentirse confundida. No había olvidado que la había llamado Nina...al fin y al cabo habían estado casados...¿cuánto tiempo?. Erik era así, no solía pensar en los sentimientos de ella, pero le había pedido que comiera con él. ¿Porqué estaba preocupado? Lo miró de reojo. Tenía le mirada seria, eso no era ninguna novedad, observaba la puerta del ascensor concentrado.
-¿Me tomaré un café, o un té?-Dijo ella imitando la voz de un hombre. Erik la miró extrañado. Ella rió.
-¿Qué haces?
-Imitándote, ¿es lo que pasa por tu cabeza?
El ascensor dio paró y las puertas se abrieron, él no esperó a que pasara ella primero. Emily suspiró, al menos, había averiguado que tenía muy mal sentido del humor.
Entraron en el restaurante del hotel. El asunto del tiroteo en plena calle había atraído viajeros y curiosos, así que estaba realmente concurrido. Cogieron una de las mesas y fueron hasta el buffet. Emily se llenó el plato de todo tipo de comida: Tortitas, tostadas, fruta, crepes...Observó a Erik mientras llevaba café en sus manos y un croissant en la boca. Unas chicas jóvenes lo miraban con risitas. Una de ellas lo miraba desde la mesa, esperando el momento adecuado para levantarse. El chico siempre atraía miradas allá donde iba, era inevitable darse cuenta. Emily se puso furiosa de pronto y se fue hasta su mesa. Observó a una de las chicas, que se había decidido a atacar. Esta se acercó a paso decidido, Erik le daba la espalda mientras examinaba una manzana verde. La vuitre se acercó y fingió que se tropezaba para chocarse con él. Erik se giró malhumorado y ella se disculpó con una sonrisa. Emili no alcanzó a escuchar la conversación, pero la vio hablando un buen rato, mientras él mordía su manzana y iba a por otro café. Ella lo seguía hablando animadamente y sonriendo.
Finalmente él le señaló la mesa en dirección a Emily, está desvió la mirada rápidamente hacia su comida y se camufló bajo un vaso de zumo de melocotón. Al poco, Erik se dejó caer en la silla que había en frente y chasqueó la lengua desagradablemente. Emili lo miró de reojo.
-¿Qué ocurre?-preguntó ella disimuladamente. Erik apartó su café sin probarlo.
-Está frío.-Contesto enfadado. Emily miró de nuevo a la mesa de las chicas, donde había vuelto la buitre enfadada y señalando con la mirada la mesa de Emily.
-¿Qué le has dicho a la chica?-Preguntó sin pensar. Erik le dio un sonoro bocado a su manzana y la miró.
-¿Qué?
-La chica que ha venido a hablarte. Todas sus amigas me están mirando con odio, ¿qué le has dicho?-Erik tiró el corazón de la manzana en el plato junto al café y se levantó.
-Que eras mi pareja.-Dijo alejándose de la mesa.
Emily se atragantó con una tostada, se dio unos golpes en el pecho para tratar de reanimar su corazón y se levantó, llevándose un crepe a la boca y cogiendo una magdalena. Se metió a toda prisa en el ascensor antes de que las puertas se cerraran. Dejándolos en silencio. Emily termino su crepe y abrió la boca, pero no salió ningún sonido de ella. ¿Qué pensaba preguntarle? Estaba claro que lo había dicho para librarse de ella. Aun así...
Caminaron en silencio por el pasillo, Emily se acabó la magdalena y alzó la vista. Al fondo, frente a la puerta de su habitación esperaban el señor T junto con Ro. El corazón se le paró de pronto y sin darse cuenta quedó petrificada en medio del pasillo. Erik la miró de reojo.
La chica sintió que le costaba respirar. En algún momento, había pensado que todo podía ser como antes, solos ella y Erik. Pero ahí estaba su jefe, con los brazos cruzados, esperándola. Volvería a acompañarla de nuevo, y Erik se marcharía, dejándola con él. En aquel momento comprendió una gran verdad.
-¿Tú lo has llamado?-preguntó ella en un susurro tembloroso. Erik le dio una calada a su cigarrillo, pero no contestó, aunque no hizo falta.
El chico le agarró el hombro, al ver que pensaba permanecer parada en medio del pasillo durante todo el rato que le fuera posible, y la empujó hacia su jefe. Este sonrió con malicia y abrió los brazos. Erik le dio un último empujón para dejarla en brazos del señor T. este la estrechó entre sus brazos para enfundarla en un frío y espantoso abrazo, mientras Erik abría la puerta de la habitación.
Emily entró en silencio, mirando el suelo. Ya no estaba furiosa con el rubio, realmente no sentía nada, ni temor por el señor T. Le daba igual, ninguno de ellos merecía un solo pensamiento por su parte. Se sentó en la cama, con una expresión ausente. Erik se apoyó contra la puerta mientras se terminaba su cigarro y el señor T se colocaba frente a ella. Ro había quedado fuera de la habitación.

-Como me alegro de que estés bien.-Dijo el señor T con su horrible voz, capaz de helar la sangre.-Fue una suerte que Erik se encontrara ahí. ¿Ha sufrido algún daño?-Erik negó con la cabeza.-Has hecho bien en llamarme, aunque no deberías haber dejado pasar la noche.-se quedaron en silencio durante unos segundos. Erik permaneció inmóvil, en guardia.
-Oh, cielos. Mírate. Vas hecha un adefesio. Por suerte he traído tus cosas del apartamento. Ves al baño a cambiarte, tenemos comida en el club de golf. ¡Ro!
El guardaespaldas entró y le entregó a la chica una bolsa a la chica, le hizo con la cabeza un saludo silencioso a Erik y salió de nuevo, cerrando la puerta tras de si.
Emily se metió en el baño sin inmutar su rostro.
El señor T se acercó a su hijastro y le cogió la cara con ambas manos para obligarlo a mirarle.
-¿Estás bien?-Erik asintió y él sonrió.-Me alegro.-Deslizó la palma de su mano hasta la cabeza de su hijo y la hundió en el alborotado pelo rubio, cogiéndole un mechón de cabello y tirando de él hacia abajó. Erik bajó la cabeza manteniendo el contacto visual con su padre.-Te dije que te marcharas y no me obedeciste.-Triró más de su cabello y puso su boca contra su oreja.-No vuelvas a hacerlo.
Finalmente lo soltó. Erik se erguió y se quedó inmóvil, como solía hacer siempre que se sentía amenazado por su jefe. Este se alejó y se sentó en la cama. Erik no movió un pelo.

Capítulo 23
Emily salió del lavabo casi una hora después. Se había puesto un vestido verde de volantes hasta las rodillas. Llevaba el cabello negro mojado y despeinado, sus ondulaciones ahora eran rizos que le caían despreocupadamente por los hombros. Erik la miró. Había cambiado bastante en poco tiempo. Quizás no era ella la que había cambiado, si no la percepción que él tenía. Ya no la veía como una niña, era una mujer...y bastante atractiva. Ya no estaba demacrada, sus pómulos estaban llenos de color y hasta parecía tener el cabello más brillante y los senos más turgentes.
-Debemos irnos en menos de una hora.-Anunció el señor T impaciente. Emily no asintió, ni siquiera lo miró, ni a Erik. Este la contempló mientras dejaba las toallas en el suelo para que las asistentas las limpiaran y volvía a meterse en el baño, sin cerrar la puerta. Comenzó a cepillarse el pelo con cuidado, como si fueran hebras de oro.
Permanecieron en silencio mientras ella se recogía el cabello y se calzaba. Finalmente, se puso una barra de labios de color carmín. Erik la observó, viendo como se los coloreaba, haciéndolos cremosos y suaves. Ella lo miró a través del espejo, él se aclaró la garganta y desvió la mirada. ¿Estaba sintiendo deseo por ella? Se ensanchó el cuello de la camisa y se pasó la mano por la nuca, nervioso. Quería salir fuera para alejarse de ella, lo estaba poniendo inquieto, pero no se atrevía a dejarla sola con su jefe. Hoy parecía especialmente enfadado. Sonrió para sí. ¿Cuándo había cambiado tanto?. Apenas se reconocía. ¿él desobedeciendo a su protector por una mujer? ¿Preocupándose por ella? No le gustaba su nuevo yo. Era débil y fácil de controlar.
Finalmente, una mujer de negras y brillantes ondulaciones en el cabello, labios carnosos y de color carmín y un cuerpo esbelto y alto salió del lavabo.
-Estás estupenda querida.-Dijo el señor T sin mirarla.-Bien creo que podemos irnos.-Miró a Erik durante unos segundos con el rostro serio.-Vuelve a casa, te llamaré.-No pareció una petición.
Emily pasó entre los dos sin mirarlos, mientras se ponía uno de los pendientes. Erik la agarró del brazo y la atrajo hacia sí, colocando su cabeza en su pecho con una mano. Emily dio un respingo y ahogo un grito de sorpresa.
-Voy a quedarme.-Dijo Erik en tono decidido, desafiando a su jefe con la mirada.-Quiero acabar mi trabajo aquí. Se que tienes cosas más importantes que hacer que acompañarla a una fiesta.
El señor T miró a su hijo con incredulidad. Erik sabía que tenía razón, el motivo por el que permanecía en aquel lugar era darle una lección. Permaneció en pie, con el rostro severo, esperando que su padre diera su brazo a torcer. Emily seguía quieta bajo el brazo del chico, sin atreverse a respirar, mirando el suelo.
Lentamente, en la cara del señor T se dibujó una sonrisa sarcástica.
-¿Quieres que te vuelva a dar el mando?-Erik no respondió.-El trabajo debe acabarse ya, llevamos demasiado tiempo con...esto.-Se dirigió a Emily con su última palabra.
Erik asintió para sellar el acuerdo. El señor T miró a Emily y le acarició la mejilla con cuidado, ella se puso tensa.
-Nos veremos de nuevo.-Aseguró. Después, mirando a su hijo se acercó a su frente y la besó.-Si John me llama de nuevo, no haré preguntas.-Erik lo tomó como una clara amenaza.
Finalmente abrió la puerta y los dejó solos. Erik quedó inmóvil hasta que oyó la puerta cerrarse y después cogió la cara de la chica con ambas manos y la obligó a mirarle.
-¿Estás bien?-preguntó bruscamente. Ella lo miró sin comprender, tratando de asimilar lo que había pasado.
-Tú...yo, pensé que habías llamado al señor T para que viniera a por mi....yo solo, estaba enfadada. Quería estar más tiempo contigo...
-Lo llamé.-Le dijo interrumpiéndola con un suspiro.- Estoy atado a él, comprendelo. Es mi padrastro, mi jefe...
-Tu amo.-Interrumpió ella recelosa. Él hizo una mueca de culpabilidad.
-Pero, eres mi clienta y se que no deseas que él esté contigo. Como dije, te protegeré y te acompañaré a esas dichosas fiestas hasta que finalices tu trabajo.-Emily sonrió, pudo ver en el rostro de su escolta que le había costado mucho expresar esos sentimientos.
-¿Lo has notado?-preguntó ella incómoda.
-Recuerdo lo que vi.-Emily lo miró sin comprender y él le puso una mano sobre la barriga.-No volverá a tocarte, te lo prometo. Además, ¿cómo voy a dejarte ahora que me empiezas a caer bien?.
Ambos rieron durante unos segundos, y todos los problemas del mundo se esfumaron. Hacía tiempo que Emily no estaba tan contenta, sentía que el mundo podría ofrecerle cosas buenas, algo que no le ocurría desde hacía mucho.
Erik condujo en silencio, como solía hacer siempre, con un cigarrillo entre los labios.
-Tengo hambre.-Confesó ella escuchando sus tripas rugir. Erik sonrió. La chica lo miró incrédula, parecía feliz.-No te rías, ir a estas comidas es algo muy difícil. Tienes que aguantar el hambre y comer poco.
-¿Para qué vas a una comida si no vas a comer?-Preguntó él sin apartar la vista de la carretera, con su tabaco entre los dedos de la mano que sujetaba el volante.
-Una señorita de mi alcurnia no debe comer como una glotona.-Dijo con la nariz alta.-Mi madre siempre me obligaba a comer antes de salir. Por las apariencias.
El club de golf estaba situado en unos grandes y ostentosos jardines. Era una gran casa de estilo neoclásico, en el centro del jardín habían puesto una gran fuente con un ángel. Emily le señaló el camino hacia el aparcacoches, que esperaba frente a las escaleras de entrada.
-¿Has estado alguna vez aquí?-Preguntó el chico saliendo del coche antes de que el joven enfundado en un traje le abriera la puerta. Emily dejó que otro lo hiciera.
-Venía a montar a caballo mientras mi padre jugaba y mi madre hacía vida social.-Dijo ella con una sonrisa triste.-Tenía un caballo precioso, pero mi padre me obligó a cambiarlo cuando se lesionó una pata. Los veterinarios decían que se pondría bien si le pagábamos la operación pero...
Erik miró unos segundos a la chica y le puso la mano en la cabeza en gesto afectuoso y condujo a la chica hacia el interior del edificio. El olor que desprendía el glamour era algo que se le metía a Erik en la nariz y le provocaba nauseas. En pocos segundos había quedado harto de aquel lugar y comenzó a arrepentirse de haberse quedado solo de nuevo para acompañarla. Emily le agarró el brazo con fuerza y lo sacó de sus pensamientos, estaba temblando.
Emily se separó al poco de él y comenzó a hablar con una mujer rechoncha con grandes perlas en las orejas y el collar. Suspiró evitando la mirada de una mujer que le sonreía de forma pícara y se acercó a uno de los camareros para pedirle zumo de naranja. Este lo miró con incredulidad y le pidió que lo acompañara a la barra, explicándole que solo servían champagne.
Erik se pasó una mano por el cabello rubio y se apoyó en la barra, el barman le sirvió el zumo y le sonrió.
-¿Acompaña a alguien?-Preguntó con interés. El chico le dio un sorbo a su bebida y se colocó de lado, para poder observar a su clienta.
-Estoy trabajando.-Explicó él con rudeza. El hombre de detrás de la barra se acercó interesado al único cliente que tenía mientras hacía que limpiaba un vaso con un trapo.
-Ya me parecía que eras de los míos.-Rió el hombre. Tenía el cabello gris, rizado y un rostro bonachón. Le rellenó el vaso sin que se lo pidiera y miró en la dirección que miraba él.-Quizás necesitas mezclarlo con algo más fuerte, esta noche será larga.
-El zumo será suficiente.-Dijo Erik sacando el paquete de tabaco, le ofreció un cigarrillo al barman que aceptó de buen grado. Se lo puso sobre los labios y salió hasta la terraza frente al gran comedor para fumárselo.
Emily habló con una pareja que se preocupaba demasiado por la soltería de la chica y su edad. Sus ojos se toparon de pronto con Johan, vestido con fraq, llevándose una copa a los labios. Emily se disculpó con los presentes y casi corriendo se acercó a Johan. Él la miró, contento de verla y reprimiendo un abrazo le cogió la mano y le besó el dorso. Se alejaron hasta la terraza y sin reparar en Erik que fumaba en las sombras apoyado en la pared del edificio, se abrazaron. Emily aguantó las lágrimas apoyada contra el pecho del chico.
-Pensé que te había pasado algo.-Dijo el chico acariciándole la mejilla.-Estoy tan contento de verte.
-Ha sido todo mi culpa. Lo siento- Dijo ella estallando en lágrimas. Johan la calmó y le sonrió.
-Estamos los dos bien, es lo que importa.
Erik desvió la mirada y soltó el humo, observando como se deshacía en el cielo nocturno. De pronto una extraña rabia lo invadió, y tuvo que dar un fuerte golpe a la pared para evitar dárselo al tipo que sostenía a Emily. Cuando la pareja entró de nuevo a la fiesta, Erik se acabó su cigarrillo y los siguió. Esperó encontrar a Emily cansada de aquel lugar, pero reía y hablaba animádamente agarrada del brazo de aquel niño rico.
Emily no lo miró en toda la noche, no evitaba mirarlo, simplemente no recordaba que estaba ahí. Encontrarse con Johan la había puesto tan feliz que nada podía sacarla de aquella burbuja, salvo un hombre. La chica tuvo que parpadear tres veces hasta estar segura de que le estaba viendo. Un hombre de cabello plateado, corpulento y muy elegante hablaba con un grupo de hombres mientras se encendían unos puros. Él no la vio, sabía que no la conocía, pero el miedo la invadió y comenzó a temblar. Johan la miraba sin comprender, pero Emily no le paraba atención, si quitaba los ojos de aquel hombre la mataría, estaba segura.


Capítulo 24
Erik observó a Emily durante unos segundos, estaba actuado de forma extraña. Estaba tensa e ignoraba a su amigo, de pronto dejó caer su copa y el cristal estalló en mil pedazos en el suelo, ella se dejó caer de rodillas y se tapó la boca para aguantar sus náuseas. Erik corrió entre la multitud y se abalanzó para protegerla sin saber bien de qué.
-¡Emily!-Johan miraba a la multitud que había comenzado a cuchichear.
-Está aquí.-Susurró ella a su escolta que la rodeaba con los brazos.-El asesino de Gerard. Le he visto.-Erik miró a su alrededor, el grupo de hombres que Emily había estado mirando los observaba con perplejidad.
-¿Quién es, Emily?-Le preguntó el chico con el ceño fruncido. Ella señaló con la mirada estremeciéndose al hombre de cabello plateado. Erik asintió y ayudó a la chica a ponerse en pié.
-¡Eh! ¿dónde la llevas?-Preguntó Johan deteniéndolo. Erik lo miró a través de sus ojos verdes y apretó la mandíbula para no gritarle. Emily luchaba para no desmayarse.
-A casa. Tiene que descansar.-Respondió en tono seco.
-Yo me hospedo en la casa de invitados, llévala ahí.-El chico no tenía otra opción, no aguantaría hasta el hotel.
Johan los condujo hasta una casa justo en frente, que tenía el aspecto de un pequeño hotel. Erik dejó a Emily que respiraba de forma irregular sobre la cama.
-Emily, ¿quieres agua?-Preguntó Johan que se había sentado a su lado y le cogía la mano con fuerza. Erik resopló y se pasó una mano por la nuca. Por fin lo tenían.-¿Qué le ha pasado?-preguntó dirigiendo la mirada al escolta que permanecía de pié mirando a la chica.
-Se ha agobiado.-Mintió. Era cierto que hacía calor y no había comido, pero estaba seguro que el causante era aquel hombre. ¿Había recordado la muerte de su prometido? Johan se fue un momento y volvió con agua. Se acercó y incorporó a Emily para que bebiera. Sonrió cuando esta le dio un sorbo al vaso la tranquilizó. Erik gruñó de forma casi imperceptible.
-Debería quedarse aquí a pasar la noche.-Apuntó Johan acariciándole el cabello.
-No.
Johan se levantó y se encaró contra Erik.
-¿No?,¿Quién eres para decidir por ella? Yo soy su novio y decido que se queda aquí. Mañana pasas a buscarla.
-Mira, chico. Ella me ha contratado, así que haré mi trabajo y mi trabajo me exige que la vigile a todas horas y cuide de ella.-Johan resopló. Erik se sentó en una silla y se encendió un cigarrillo.
Durante las siguientes horas, Johan no se apartó de la cama donde Emily dormía. Erik había sacado su teléfono y su mente se debatía mirando el número de su jefe. Sabía que debía llamarlo, era su obligación. El trabajo había acabado, ahora él había visto a aquel hombre y podría reconocerlo siempre.
Emily se despertó con un quejido, y sin darse cuenta Erik se había incorporado al instante. Johan se había arrodillado a su lado y le daba la mano, ofreciéndole palabras tranquilizadoras.
-¡Es él!-Gritó con dolor mirando en todas direcciones. Johan le susurraba y Erik apretó los puños.-Es él...Erik.-El chico rubio se sorprendió más que Johan al escuchar que las primeras palabras de la chica iban dirigidas a él.-Erik...
Johan se levantó y se hizo a un lado, ¿se suponía que debía agacharse a su lado como él? Erik miró al chico y después se acercó a Emily, poniéndole la mano en la cabeza.
-Aquí estoy.-Dijo en un susurro.
-¿Lo has visto, verdad? Debía decirte quién era pero...-Comenzó a llorar.-No he servido ni para eso...-Emily se llevó las manos a la cara, tratando de que no la vieran llorar.
-Está bien, lo he visto.-Ella asintió, enjugándose las lágrimas. Johan parecía muy molesto por la cercanía del escolta a su clienta.-Vamos, duerme un poco.
Erik se levantó y se apoyó en el marco de la puerta, Johan había vuelto a la posición inicial, estaba muy preocupado por Emily, hasta Erik podía verlo. ¿Tanto la quería?. Ella parecía calmada, en paz a su lado. Un horrible monstruo quería salir de su interior, destrozar todo lo que había a su paso. Se mordió el labio y se llevó las manos a los bolsillos, palpando con fuerza el teléfono. En realidad la solución era muy sencilla.
Salió de la habitación y marcó el número de su padre.
-¿Si?
-Lo tenemos.-Dijo Erik.
-Estoy ocupado ahora, llámame mañana.-Colgó. Volvió hasta la habitación y suspiró aliviado. Johan no se había despegado de ella, no era mal chico. Erik podía ver la bondad que había en aquellos ojos y eso lo ponía más furioso. El rubio fumó más que nunca durante la noche, sentado con los codos apoyados en las rodillas. Johan se durmió el primero, cayó rendido con la cabeza apoyada en la cama. Erik no quiso dormirse, sentía que en cuanto abriera los ojos sería la mañana siguiente y el teléfono sonaría, dándole las órdenes que más temía. Entró en el lavabo y se miró en el espejo, tenía un aspecto cansado. Se quitó la americana y se abrió el cuello de la camisa, se sentía agobiado y estaba sudando. Metió la cabeza debajo del grifo del lavabo y dejó que el agua despejara sus ideas.
Volvió a la habitación y se sentó con un suspiro.
-¿Erik?-La voz de Emily era casi imperceptible. El chico la miró desde los pies de la cama, ella tenía una mano sobre la cabeza de Johan y miraba al rubio con esfuerzo.
-No es de día, sigue durmiendo.-Le dijo el chico sin levantarse. Emily alzó la mano que le quedaba libre hacia él. Erik suspiró y se acercó a la cama desde el otro lado.-¿Qué ocurre?
-Ayúdame a levantarme.-Pidió ella, Erik negó con la cabeza.-Por favor, estoy cansada de estar en la cama. Tengo que estirar las piernas.
El rubio resopló y le pasó el brazo por los hombros, ella se arrastró por la cama con cuidado, para no despertar a Johan. Caminaron despacio hasta la terraza de la habitación. La noche era calurosa y el aire estaba estancado, la única luz provenía de unas farolas que había en el jardín comunitario.
-¿Seguimos en el club?-Erik asintió.-¿Has pedido una habitación?
-Johan. Se hospeda aquí.-Emily sonrió para sí.
-¿Todo el mundo me vio, verdad? Él también...
-Hace mucho calor, Emily. Habrán pensado que se trataba de un golpe de calor.-Erik se cruzó de brazos mientras la chica se apoyaba en la barandilla de la terraza, evitando mirarlo. Se deshizo el peinado que ya carecía de forma y sus ondulaciones acabache cayeron grácilmente sobre sus hombros hasta llegar por debajo de sus pechos.
-Debemos irnos, Erik.-El chico se llevó un cigarrillo a los labios, el último que le quedaba y se lo encendió. Salieron de aquella casa en silencio, sin hablarse hasta que entraron en el coche.
-Oye...¿sabes que le gustas a ese chico, verdad?-Emily se miró las manos en el regazo. Era extraño que Erik quisiera hablar sobre aquel tema, pero ella no quería oír lo bueno que era Johan, aunque supiera que se había quedado toda la noche vigilándola.
-Mañana lo llamaré.-Dijo con convicción. Entraron en el hotel, Emily llevaba los zapatos en la mano, estaba totalmente exhausta. Erik tiró las llaves sobre el mueble de la entrada y se deshizo de su camisa, durante unos segundos miró su herida en el costado. Mañana llamaría a John para que le cambiara los vendajes. Sí, mañana llamaría a John y a su padre y acabaría todo. Miró de reojo a Emily, se había quitado el vestido, sin preocuparle estar en ropa interior. Estaba sentada sobre su lado de la cama, dándole la espalda y escribiendo con el teléfono.
-¿Qué haces?-Preguntó Erik observando el largo cabello negro que le caía tapándole la espalda.
-Estoy enviándole un mensaje a Johan. Siento que no paro de mentirle...-Erik se arrepintió en esos momentos de haber preguntado.-Erik, quiero pedirte algo.
El chico se apoyó tumbó en la cama, llevando sus manos a la nuca. Ella se giró cuando hubo acabado y se colocó de rodillas frente a él.
-Pase lo que pase, prométeme que no involucrarás a Johan.-Erik abrió los ojos de pronto.
-¿Qué?
-Johan, Erik, Johan. Prométeme que el señor T no lo tocará.-Los ojos de Emily amenazaban con ponerse a llorar en cualquier momento.
-No os pasará nada.-Dijo Erik, aunque no estaba convencido del todo. Miró el reloj, ya solo faltaban cinco horas para que amaneciera. En cinco horas ella desaparecería de su vida. La observó sin darse cuenta, llevaba ropa interior negra, de encaje. Sus curvas estaban muy marcadas, mucho más que cuando la conoció. Su rostro pálido y con pecas, sonriendo con ternura por la respuesta del chico. Sin darse cuenta alzó unos centímetros su mano, tratando de acercar su rostro, pero ella, que no se había dado cuenta se levantó y desapareció en el lavabo. Erik se pasó una mano por el cabello. ¿Qué estaba haciendo? Suspiró y se frotó las sienes. Era hora de dormir.
-No te veo muy contento.-Dijo ella desde el lavabo. Emily se miró en el espejo y comenzó a desmaquillarse.
-¿Porqué debería estarlo?-Preguntó la voz del chico sin demasiado interés.
-Bueno, por fin hemos acabado la misión. Mañana podrás librarte de mí de una vez por todas.-No oyó la respuesta del chico. -Y por fin podré tener una cita normal, sin que nadie trate de matarme. ¿crees que si invito a Johan a la heladería sería demasiado cutre? Él está acostumbrado al lujo...-La chica apagó la luz y salió a la habitación. Erik se había levantado de la cama y estaba a escasos centímetros suya, no parecía contento. Antes de que pudiera reaccionar, la empotró contra la pared tapándole la boca con su gran mano. La chica tembló ante la sorpresa, él hundió su rostro en su cabello y rozó su oreja con la nariz.
-No vuelvas a hablar de Johan.-Susurró él en un tono amenazador. Colocó su brazo cobre el pecho de ella para impedir que se moviera y la besó. Emily le mordió el labio, el chico se quejó por el dolor y ella aprovechó para apartarlo. Él dejó salir un gruñido y volvió a empujar a la chica contra la pared. Esta gimió y se dejó llevar por el beso. En pocos momentos, la habitación fue una lucha con duros golpes contra las paredes, mordiscos, besos y arañazos. Erik resopló de dolor mientras cogía en brazos a la chica y esta lo rodeaba con sus piernas, dándole un fuerte golpe en la herida. La odiaba, odiaba a aquella mocosa malcriada y la deseaba. Hacía tiempo que no deseaba tanto a una mujer, y aquella lo volvía loco. Emily cogió con fuerza el pectoral del chico, llevaba mucho tiempo deseando acariciar el tatuaje que tenía en el pecho. Agarró el cabello rubio y revoltoso y tiró de él hacia atrás para llegar hasta su cuello, siempre suave, sin rastro de vello y lo mordió. Ambos gimieron. Erik la tiró sobre la cama y se colocó encima para atraparla con su cuerpo. Aquella noche iba a ser intensa.

Capítulo 25.
Erik se levantó y buscó un cigarrillo en sus vacíos bolsillos y recordó que la noche anterior los había acabado. Necesitaba comprar uno o dos paquetes, así que se vistió silenciosamente y miró a Emily, que dormía boca abajo, desnuda. La habitación era un amasijo de ropa tirada por el suelo y un olor a sudor en el ambiente.
Él estaba muy inquieto, quería despertarla y volver a hacerlo una y otra vez, hasta quedar totalmente saciado. Pero cuando salió a la calle, la visión del alba lo sacó de aquella utopía. En menos de una hora debería llamar a su jefe y eso lo aterraba. Apenas había gente en las calles, y aquellas pocas horas antes de que el calor azotara la ciudad le daban la calma que necesitaba.
Compró dos paquetes para asegurarse de que tendría suficiente para dos días y volvió a la habitación.
Emily se había despertado y sentada, se tapaba con la sábana. Miró a Erik y se sonrojó, cubriéndose más el pecho. El chico se sentó en una silla sin mirarla y se encendió un cigarrillo para relajarse.
-¿Dónde has ido?-Preguntó ella claramente enfadada.
-¿Qué?
-No me gusta levantarme y no ver a nadie... igual que antes de conocerte.-Erik suspiró.
-Vístete.-Le ordenó sin moverse del sitio. Ella asintió decepcionada y él le dejó intimidad saliendo al balcón.
A los pocos minutos el teléfono sonó, sobresaltándolo. Era el jefe.
-Ó Conaill.-Contestó Erik.
-¿Le has visto?-Preguntó su padre sin entusiasmo.
-Sí.
-¿Podrás reconocerlo?
-Sí.-Erik escuchó la leve sonrisa de satisfacción de su jefe.
-Ya sabes que hacer.-El chico notó que se tensaba, había esperado aquella frase con miedo, pero le costó asimilarla más de lo que pensaba.
-Su padre...¿no sospechará?-Preguntó sin pensar. El señor T se mantuvo en silencio detrás del auricular.-De acuerdo.-Colgó finalmente.
El chico se llevó la mano a los ojos y los frotó. Tenía un gran problema.
-¿Quién era?-Preguntó Emily que estaba parada en la puerta con su vestido verde puesto. Erik se aclaró la garganta y se metió el teléfono en el bolsillo. Ella le sonrió como si no le importara que no le respondiera.-¿Podemos pedir algo para desayunar? Estoy hambrienta. Por cierto, deberías llamar al señor T. Quizás ya podamos volver a la vida real.
Erik desayunó sin quitarle la vista de encima a su pistola, que reposaba sobre la mesita de noche, donde la había dejado al acostarse con Emily.
La chica le contó sus planes, pensaba buscar un estudio en el centro, quería empezar de cero, le explicaba al chico los sitios donde quería llevarlo cuando volvieran a casa. Erik se levantó en silencio y cogió su arma, la miró más de cerca. Ya nunca sentía su peso bajo la ropa, se había transformado en una parte de él. Aunque sabía que estaba cargada, tuvo la esperanza de que hubiera perdido todas las balas en algún momento, le quitó el seguro y miró a Emily, que recogía los platos y los dejaba sobre el carrito con lo que lo habían traído.
-¿Qué ocurre?-Le preguntó ella al verlo absorto al otro lado de la cama. Este comenzó a respirar de forma entrecortada y alzó la pistola lentamente, apuntando a la chica. Esta dejó de respirar al instante. -¿Qué ocurre, Erik?
El chico sabía que Emily lo comprendía perfectamente, pero cuando apuntaba a alguien con un arma, querían asegurarse de que no lo hacía por equivocación.
-¿Te lo ha pedido él, no?-Preguntó ella. Erik notó como un sudor frío le descendía por la frente hasta las mejillas y después a la barbilla, nunca se había sentido así. Cuando Erik sacaba el arma, daba por sentado que aquella persona debía morir y disparaba sin pensar, solo por el hecho de que su padre se lo había pedido. Comenzó a temblar, como si fuera un crío asustado. Ella lo miraba a los ojos, asustada. Los recuerdos del primer hombre que había visto morir le vinieron a la mente.
Erik solo tenía catorce años, su padre se lo solía llevar con él como si el chico fuera un juguete. Los hombres con los que negociaba no solían esperarse a un crío en la sala y se relajaban, creyendo que delante de él no les pasaría nada. Un día, el señor T se lo llevó con uno de los coches, como solía hacer siempre, pero le contó que ese día le daría un regalo. El señor T jamás le había regalado nada por su cumpleaños ni por navidad, así que Erik estuvo emocionado todo el viaje. Volvieron al orfanato de donde lo había sacado, años atrás. Erik tembló, ¿iba a devolverlo? ¿había sido un mal hijo? No quería volver a aquel horrible lugar. Lloró en silencio cuando pasaron por las puertas de la entrada, el señor T no trató de calmarlo en ningún momento. Cuando Erik se encontró de nuevo con el monstruo que llevaba el lugar, su padre adoptivo sonrió, divertido. Entraron en el despacho donde solía quedarse a solas con aquel horrible hombre cuando vivía con ellos, quizás había dejado de llorar, nunca lo recordó. El señor T fue rápido, le apuntó con una pistola y le disparó en el pecho, para que muriera lentamente. Después se giró hacia Erik y le dijo: Feliz cumpleaños.
Erik despejó su mente y respiró. Emily lo miraba, se había puesto de frente, con los puños apretados y miraba al chico con el rostro serio.
-¿Vas a hacerlo, no?-Preguntó ella.-Creo...No, en el fondo lo sabía. De algún modo había aceptado el trabajo sabiendo que me matarían al acabar. Pero...-Comenzó a sollozar de pronto.-Ya no quiero morir, quiero...estar contigo.
Erik sintió una convulsión. Sin poder evitarlo, la pistola descendió hasta que estuvo apuntando al suelo. Miró el reloj, era tarde, debía darse prisa.
-Recoge tus cosas.-Ordenó el chico. Ella asintió rápidamente con la cabeza y se calzó. Erik guardó su arma en la americana y en menos de media hora salieron por la puerta y cogieron el coche.-No podrás quedarte en la ciudad, ni en el país. Deberás pagar en efectivo siempre, no le digas a nadie donde vas. -Emily lo miró con los ojos entornados.
-¿Tú no vienes?-Erik siguió mirando la carretera.-Yo...quiero que vengas conmigo.
-¿Estás segura, Emily? -Preguntó el chico molesto.-Te he apuntado con un arma.
-Pero no has disparado.
-Eso no importa.-Dijo él.-Mira...Quizás yo no sea la persona adecuada para ir contigo.
Emily dejó de mirarlo, se refería a Johan. Suspiró, Johan era la clase de pareja que todo el mundo desearía. Miró al frente, estaban en la estación.
-Este hombre te creará un pasaporte falso, llámale en cuanto llegues. Te lo enviará a cualquier lado, pero debe ser antes de tres días, después de ese tiempo, todos te buscarán.
-Erik...
-Cójelo.-Ordenó él agarrándola por la muñeca y poniéndole el papel en la mano.
-Ven conmigo.-Pidió ella en un susurro. Erik la miró en silencio, respirando con fuerza.-No...no me hagas pedírtelo otra vez, por favor.
-No puedo dejar a mi padre...-Confesó él como un niño que confesaba que había comido dulces de escondidas. Emily lo miró, decepcionada.
-No es tu padre, no le debes nada.-Erik frunció el ceño.
-Sí se lo debo, aunque no quiera reconocerlo.
-Erik...te quiero. Te quiero y quiero que te fugues conmigo.
Erik parpadeó, ¿quererle? ¿cuánto hacía que no le decían eso? Tanto tiempo....se dio cuenta de que ella esperaba una respuesta, sus pecas apenas eran perceptibles bajo sus mejillas ruborizadas, se dio cuenta de que estaba sonriendo y se sintió estúpido.
-Que....que tengas buen viaje.-Contestó él metiéndose en el coche y dejándola como si fuera un perro abandonado.
Tenía que darle ventaja, si no la encontrarían enseguida. Volvió al hotel y aprovechó la tarjeta de crédito de su padre. Se metió en la habitación y se tumbó sobre la cama. De pronto sitió náuseas y corrió hacia el inodoro, devolvió sin control todo lo que había comido y tosió. Se sentía mareado y...la echaba de menos. Mierda, ¿qué estaba haciendo? ¿realmente se estaba planteando ir con ella y dejar su vida?


Emily sacó el billete de tren y entre lágrimas se sentó en el andén. Observó a la gente que iba y venía con su equipaje, ella solo llevaba el billete entre las manos, estaba despeinada y llevaba un vestido de coctel y unos tacones. Pensó en lo que le había dicho Erik momentos atrás, que debería escoger a Johan para acompañarla. No podía imaginarse a Johan junto a ella en esos momentos, no quería hacerlo. Una grabación le advirtió que su tren saldría en unos minutos. Suspiró y entró en el vagón. En algun momento comenzó aq pensar que ocurriría lo de las películas. Él entraría con un ramo de flores, corriendo y se fugaría con ella. Sonrió para sí. ¿Erik con un ramo de flores? Ridículo.
La máquina se puso en marcha y el tren se movió lentamente. Emily se llevó una mano a la boca para callar un sollozo. De pronto, en el andén, apareció Erik, tenía un aspecto horrible y no sonreía, caminaba más deprisa que el tren. La chica se levantó para pedir al maquinista que se detuviera, pero el rubio se acercó a la ventanilla y pegó una nota para que pudiera leerla. Ella volvió a su asiento y se acercó al cristal.
Espérame”


Emily colocó su mano en las letras que él había escrito, este le miraba con el ceño fruncido. Ella asintió y él dejó de caminar, el tren cogió fuerza y se alejó de la estación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario